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lunes, 21 de julio de 2014

- 23 - QUIERO QUE ME VEAS DESAPARECER

-Tu y yo...- Estaba nervioso. Era la primera vez que lo veía así. Si que debía de ser importante...
-Rápido Carlos, va. 
-Tu y yo no nos acostamos.- Y mi corazón se paró. Estaba feliz pero a la vez mi odio por el aumentaba con creces. Me quedé pálida, quieta frente a la puerta y sin poder articular palabra. 
-¿ESTÁS DE COÑA? ¿ME MENTISTE? ¿PERO TU SABES LO MAL QUE ME SENTÍ?- no esperé a que contestara, estaba demasiado enfadada. Cerré la puerta de un portazo y luego apoyé mi cabeza en ella. No podía ser, esto ahora no. 
-Alex ¿estás bien? 
-No...- respondí- No lo estoy. Carlos es un gilipollas...- Me acerqué al sofá y dejé las pizzas en la pequeña mesa que había delante. Fui a la cocina, cogí dos vasos y la botella de martini.- ¿Que bebes?
-Lo mismo que tu.- respondió. Fui hacia ella y le cedí el vaso, lleno por la mitad. Yo empecé fuerte, con el vaso lleno del todo. Al fin y al cabo daba igual, estaba en mi casa y mi cama no estaba lejos. Tenía mucho que olvidar, al fin y al cabo.- Cuéntame, ¿que te ha hecho ese tal Carlos? ¿Fuisteis pareja o algo así?
-No, no, para nada. Me hizo creer que nos habíamos acostado aprovechándose de que estaba borracha. Tres días después de que Malú me dejara. Y cuando me dijo que nos habíamos costado me quise morir. Yo lo odio, lo odio muchísimo. 
-Alex... ¿Tu sabes ese 'mito' de que las relaciones más sinceras empiezan cuando entre ellos se odian? 
-Eso no puede ser verdad.- reí
-¿Has visto la película de 'Novia a la fuga'? ¿Y la de 'Tenías que ser tu'?
-No... no las he visto la verdad. Pero no se que tiene que ver eso con lo que me acabas de decir...
-En esas películas los protagonistas empiezan odiándose. Se llevan como el perro y el gato... Pero al final todo acaba bien. Acaban juntos y casados. No estoy intentando decirte que te vayas a casan con Carlos, solo digo que puede que ese odio que le tienes puede llegar a convertirse en amor...
-Yo no creo en el amor.- dije a momento
-Eso no es cierto. ¿Por qué decidiste seguir con Malú si no creías en el amor? ¿Por qué decidiste intentarlo aún sabiendo todo lo que se os vendría encima? Alex, eso es amor. Y tú si crees en él.- Me quedé callada un buen rato mientras seguía bebiendo. Un vaso tras otro y la botella casi acabada. Aunque no sentía que me hiciera efecto alguno.- ¿En qué piensas?- dijo mirándome fijamente al ver que tenía la mirada perdida
-Realmente en nada... Ya no se ni que pensar. Soy una completa idiota. No luché ni lo más mínimo por recuperarla. ¿Quiere decir eso que ya no me importa?
-En absoluto Alex. Para nada quiere decir eso. La quieres, yo lo se. Pero supongo que la situación al completo pudo contigo... Ya se arreglarán las cosas y estarás menos confusa. 
-¿Tu crees?
-Estoy segura.- sonrió

Estuvimos hasta las tantas de la madrugada hablando y bebiendo. Sobretodo bebiendo. Tres botellas enteras, aunque creo que fui yo la que más bebió.
De lo que hablamos no recuerdo nada. La verdad es que perdí la cuenta de cuanto había bebido y a partir de eso no me acuerdo de nada. 

Cuando me desperté, Sandra estaba en la cocina. Llevaba solo una camiseta larga por encima de la rodilla. Yo estaba en el sofá, casi sin ropa también lo que me llevó a pensar lo que no quería. Pero no, no creo que haya pasado nada, y menos con Sandra. Sinceramente, confiaba en ella. 

-¿Qué tal la niña resacosa?- dijo viniendo hacia mi riendo y con un café
-Gracias, lo necesitaba.- besé su mejilla
-Espero que no te importe, cogí esta camiseta de tu maleta porque estaba muy incómoda con la ropa. Y en cuanto la tuya, no pienses nada raro, la echaste a lavar después de tirarte media botella de vino encima.- me llevé las manos a la cabeza
-¿Eso hice? Dios... Tengo que dejar de beber...- le di un sorbo al café y me eché a reír. 
-Bueno, me encantaría quedarme a ver como avanza tu dolor de cabeza, pero tengo que irme a trabajar.- dijo graciosa- ¿Nos vemos luego?
-Claro. ¿Por qué no me acompañas a mi actuación de esta noche?
-Me encantaría.- sonrió- Antes de irte pasa por la cafetería y vamos juntas.- me abrazó y besó mi mejilla- Te he dejado una pastilla sobre la mesa, evitarás el dolor de cabeza durante un rato.- asentí con una sonrisa y me quedé viendo como se iba. 

Me recosté sobre el respaldo del sofá y me froté los ojos. Cada mínimo sonido que escuchaba hacía que mi cabeza sufriera por ello. Intenté recordar lo que había pasado anoche pero no fui capaz. De lo que si me acordé fue de la visita de Carlos y de la conversación con Sandra. Por lo pronto se me ocurre que si no me opuse a dejarlo con Malú, en cierto modo fue porque me sentía culpable, no se... ¿Pero qué motivo me impedía llamarla ahora? ¿Por qué no lo hacía? 
En un ataque de valor cogí mi móvil y marqué su número. Me quedé mirando la pantalla del móvil un buen rato pero nada. No me atrevía a llamarla, era superior a mi.
Me sentía tan débil que ni eso pude hacer. Si, soy una cobarde. Pero tengo que dejar que pase el tiempo, tengo que dejarla respirar. 

La tarde transcurrió aburrida, sin mucha novedad. Me pasé la mayor parte del tiempo en la cama, y sino en el sofá. 
Eran las nueve y tenía que empezar a preparar las cosas para la actuación. Aún no sabía ni que ropa me pondría y a las nueve y media tenía que estar en la cafetería para cenar y recoger a Sandra. Era una de esas veces que te arrepientes de no haber hecho nada en todo el día porque luego te acabas agobiando cuando se te echa el tiempo encima. 
Decidí ir a ducharme y a los cinco minutos salí como una loca y me puse lo primero que pillé. Cogí uno de esos bolsos grandes, que más que bolsos parecen maletas elegantes que se llevan colgadas en el brazo. Puse uno de los vestidos más sencillos pero bonitos que tenía. Los tacones que primero encontré en la maleta y más me pegaban y ya estaba todo listo. Me maquillé un poco y me peiné como pude. A las nueve y veinticinco ya estaba lista para bajar a cenar. Aunque no podía tardar mucho ya que la actuación era a las diez y media y entre que tenía que llegar, cambiarme y demás no me iba a dar el tiempo. 
Bajé, saludé a los camareros y le dediqué una sonrisa a Sandra que estaba a lo lejos. Pedí una ensalada y una coca cola. Me senté en 'mi' mesa y esperé a que me lo trajeran todo. Entre tanto le hice gestos a Sandra para que se cambiara, ya que en cuanto yo acabara nos marchábamos. 
Salimos de allí pronto, a las diez menos veinte. Cogimos mi coche y fuimos al hotel en el que me tocaba esta noche. 
Yo, no sé por qué razón pero estaba nerviosa. Subí al cuartito donde debía cambiarme y tenía la sensación de que las piernas me fallaban, de que esta vez no iba a poder. Una vez más me faltaban fuerzas, las que ella me daba. Volví a coger el teléfono con la intención de llamarla, probar suerte una vez más. Mis manos temblaban, temblaban mucho. Y mis lágrimas estaban a punto de caer a borbotones por mis ojos. Sandra me abrazó por la espalda. "Estoy contigo" pronunció. Y como lo necesitaba en ese momento... Que bien me vino. 

-Alex... Hazlo.- acarició mi mejilla y me miró a los ojos transmitiéndome tranquilidad. La tranquilidad justa que necesitaba en ese momento. 

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