Aún seguía mirándome fijamente hasta que yo dejé de mirarle y me dirigí al ascensor. Iba a subir conmigo cuando puse mi mano en su pecho, empujándolo hacia atrás.
-No. Vete.
-¿Qué? Pero Alex, pensé que a lo mejor podíamos...
-Eres el peor de mis errores Carlos, el peor.
Las puertas del ascensor se cerraban mientras sus ojos seguían clavados en los míos. Una lágrima empezó a recorrer mi mejilla y luego otra, y otra más. No lloraba por haberle dicho eso a el, sino por haberla cagado como lo hice. Por haberme acostado con el, por dejar que me besara, pero sobretodo por no ser sincera con Malú. Eso era lo que más me dolía.
Pero a lo mejor todo esto tenía un sentido. A lo mejor todo era por algo. ¿Y si este era nuestro final? A lo mejor a las dos nos tocaba seguir por caminos diferentes, dejar que la otra hiciera su vida, ambas al margen. Pero ¿por qué? ¿Por qué ahora? ¿Por qué todo esto? Aunque no se ni por qué me esfuerzo en encontrar la razón de todo. Quizás sea el destino, que ya estaba así planeado para nosotras, pero nosotras no podíamos saberlo. Es posible que lo nuestro no fuera tan real como pensábamos. O tal vez si, pero ya haya llegado a su fin.
Entré en el apartamento y lo primero que hice después de entrar todas las cajas y el equipaje fue sentarme en el suelo. Me pegué a la pared y me encongí cuanto pude. Apoyé mi cabeza junto a las rodillas y no pude evitar que un mar de lágrimas me inundara por milésima vez.
Lo cierto es que ahora no sabía hacer otra cosa que llorar. Aunque supongo que el tiempo lo cura todo y dentro de nada se iba a pasar.
Le envié un mensaje a mi hermana diciéndole que no iba a ir a su casa. No me quedaban ganas por hoy, ya había tenido suficiente.
Me tumbé en la cama boca arriba y me quedé un buen rato mirando al techo. Pensaba en ella. En que estaría haciendo ahora y en qué pasaría si se me ocurría llamarla. Podría hacerlo ¿no?
O tal vez así las cosas vaya a peor. Tal vez está ocupada. O tal vez está esperando a mi llamada. Pero no... no lo creo. A decir verdad, lo único que puede ser cierto es que quiera olvidarse de mi por completo. Seguir con su vida con otra persona, quien sabe.
A las dos horas tuve que bajar a la cafetería a la que solía ir antes. Tenía hambre y como es lógico en ese piso aún no había nada. Debería plantearme hacer la compra, si...
Me senté en la misma mesa de siempre, pero no me atendió la misma camarera de siempre. En este caso me atendió una chica que reconocí al momento. Estaba preciosa, cambiadísima desde la última vez que la había visto. Lo que no sabía era que hacía aquí.
-¿Sandra?- dije sorprendida
-¡Alex! ¡Que alegría verte! Estás muy cambiada desde aquel día en el aeropuerto...- sonrió tímidamente. Sandra, la chica con la que había chocado en el aeropuerto al aterrizar en Roma. La chica que me había ofrecido enseñarme la ciudad. Esa chica.
-Tu también.- sonreí- ¿Qué haces aquí?
-La verdad, quería cambiar de aires. Cuando te conocí estuve en Roma unas semanas y después volví a Murcia. Decidí que ya estaba harta de estar siempre en el mismo sitio y hace dos años me mudé a Madrid. Vivo con unos amigos pero estoy trabajando aquí para poder mudarme pronto. ¿Y tu? ¿Hace cuanto volvisteis de Roma?
-Que bien... La verdad es que me alegro mucho de volver a verte.- dije sincera.- Volvimos hace unos cuantos meses...- fingí una sonrisa
-¿Te ocurre algo?
-No, no. Estoy bien.- otra vez intenté sonreí.
-Venga Alex, ¿qué ha pasado? ¿Malú está bien?
-Lo... lo hemos dejado...- su cara cambió por completo al instante, pero no supe descifrar si para bien o para mal.
-Dios... lo lamento muchísimo...- se acercó a mi y me abrazó- Estaré aquí siempre que lo necesites ¿de acuerdo?
-Muchas gracias.- sonreí
Después de que me contara como habían sido las cosas desde que había llegado a Madrid y lo que había estado haciendo, y después de que acabara de comer, decidimos quedar esta misma noche. No había un 'para qué' en concreto, simplemente nos apetecía quedar. Claro que le advertí que mi apartamento estaba patas arriba, pero dijo que le daba igual, 'Lo importante es la compañía' mencionó.
Cuando salí de la cafetería fui a hacer la compra. Mi nevera estaba completamente vacía y sabía que luego me iba a dar aún más pereza.
Lo malo es que, olvidé que yo soy de las que no puede entrar a un centro comercial deprimida, porque no voy a comprar solo comida, ni tampoco solo lo necesario.
Compré botes y botes de helado de chocolate, golosinas varias, bebidas (muchas) y cuando salí de allí no pude evitar ir a las tiendas de en frente. Zapatos a montones. Cinco o seis pares entre sandalias, botal y tacones... Y todo eso sin contar lo que me compré en las demás tiendas de ropa. Vestidos, faldas, pantalones, más zapatos, blusas, chaquetas... Incluso un sombrero, no sé para qué.
Había hecho un gasto innecesario pero sobre todo descomunal. Si no fuera porque ahora estoy sola y dependo de menos dinero para vivir, seguramente estaría arruinada.
Aún así me dio igual. Aquello había hecho que me sintiera mejor, que me despejara al menos un rato. Claro que tendría que haberle dado tregua a la tarjeta, pero al fin y al cabo vida solo es una y hay que disfrutar de las cosas mientras se tienen.
Ya en casa y con todas aquellas bolsas que tuvieron que ayudarme a traer solo me quedaba organizar el piso. Ordenarlo no, porque no me daba tiempo a falta de dos horas para que llegara Sandra, pero si esconderlo todo hasta que pudiera ordenarlo, para no tenerlo todo tirado por el medio. Es como cuando tirabas migas de algo en el suelo en cuanto tu madre acababa de barrer y luego las escondías bajo la alfombra para que no las viera, tal cual así.
Conseguí hacerlo todo en tiempo récord y hasta me dio tiempo a ducharme y estar media hora eligiendo lo que me pondría.
Ahora solo me faltaba ver lo que hacía de cenar y esperar a que viniera...
Me decidí rápido, pero no hice nada porque me daba pereza. Llamé a la pizzería y les di el pedido para dentro de media hora. Ahora si, solo tenía que esperar.
Y esperé. Esperé tanto que creo que me quedé dormida un rato bastante largo. O eso me había parecido a mi.
A las 21:00 en punto Sandra ya estaba aquí y la pizza llegaría en unos cinco minutos. Todo según lo previsto.
-Que puntual.- sonreí- Bienvenida.- le di dos besos y pasó al salón.
-Me gusta mucho tu apartamento.- dijo mientras veía las vistas en el balcón.- Pero... ¿Por qué decidiste venir aquí ahora?
-Bueno... Obviamente al dejarlo con Malú no tenía ningún sentido seguir en su casa. Necesitaba irme de allí cuanto antes. Los recuerdos eran algo que no me dejaban seguir... Tenía sus fotos por toda la casa. Nuestras fotos. Cada regalo que nos habíamos hecho, cada momento vivido, cada discusión... Todo estaba guardado en aquella casa. Y entre todas esas cosas sentía que me ahogaba, si me quedaba más tiempo me volvería loca.- una lágrima recorrió mi mejilla. Sandra pasó su mano por mi cara secándome las lágrimas y me miró fijamente a los ojos.
-A veces necesitamos que todo termine para volver a empezar con más fuerza... ¿entiendes?
-Si, lo entiendo.- sonreí. Estuvimos abrazadas un tiempo hasta que llamaron al timbre y me acerqué a abrir.
-Quería traértela yo...- dijo
-Me amargas hasta la cena.- dije enfadada
-Quiero pedirte perdón Alex. Sé que me comporté como un capullo...
-Menos mal que te das cuenta. Te aprovechas de mis peores momentos. Lo sabes ¿no? Eres despreciable.
-Lo sé y lo siento... Pero aún hay una cosa más que tengo que decirte...
-Carlos, está una amiga aquí, se nos enfría la cena y tu estás dando el coñazo. ¿Es tan importante que no puedes esperar a otro momento?
-Es demasiado importante, para ti al menos...
-Bueno venga. Dime.
Pero a lo mejor todo esto tenía un sentido. A lo mejor todo era por algo. ¿Y si este era nuestro final? A lo mejor a las dos nos tocaba seguir por caminos diferentes, dejar que la otra hiciera su vida, ambas al margen. Pero ¿por qué? ¿Por qué ahora? ¿Por qué todo esto? Aunque no se ni por qué me esfuerzo en encontrar la razón de todo. Quizás sea el destino, que ya estaba así planeado para nosotras, pero nosotras no podíamos saberlo. Es posible que lo nuestro no fuera tan real como pensábamos. O tal vez si, pero ya haya llegado a su fin.
Entré en el apartamento y lo primero que hice después de entrar todas las cajas y el equipaje fue sentarme en el suelo. Me pegué a la pared y me encongí cuanto pude. Apoyé mi cabeza junto a las rodillas y no pude evitar que un mar de lágrimas me inundara por milésima vez.
Lo cierto es que ahora no sabía hacer otra cosa que llorar. Aunque supongo que el tiempo lo cura todo y dentro de nada se iba a pasar.
Le envié un mensaje a mi hermana diciéndole que no iba a ir a su casa. No me quedaban ganas por hoy, ya había tenido suficiente.
Me tumbé en la cama boca arriba y me quedé un buen rato mirando al techo. Pensaba en ella. En que estaría haciendo ahora y en qué pasaría si se me ocurría llamarla. Podría hacerlo ¿no?
O tal vez así las cosas vaya a peor. Tal vez está ocupada. O tal vez está esperando a mi llamada. Pero no... no lo creo. A decir verdad, lo único que puede ser cierto es que quiera olvidarse de mi por completo. Seguir con su vida con otra persona, quien sabe.
A las dos horas tuve que bajar a la cafetería a la que solía ir antes. Tenía hambre y como es lógico en ese piso aún no había nada. Debería plantearme hacer la compra, si...
Me senté en la misma mesa de siempre, pero no me atendió la misma camarera de siempre. En este caso me atendió una chica que reconocí al momento. Estaba preciosa, cambiadísima desde la última vez que la había visto. Lo que no sabía era que hacía aquí.
-¿Sandra?- dije sorprendida
-¡Alex! ¡Que alegría verte! Estás muy cambiada desde aquel día en el aeropuerto...- sonrió tímidamente. Sandra, la chica con la que había chocado en el aeropuerto al aterrizar en Roma. La chica que me había ofrecido enseñarme la ciudad. Esa chica.
-Tu también.- sonreí- ¿Qué haces aquí?
-La verdad, quería cambiar de aires. Cuando te conocí estuve en Roma unas semanas y después volví a Murcia. Decidí que ya estaba harta de estar siempre en el mismo sitio y hace dos años me mudé a Madrid. Vivo con unos amigos pero estoy trabajando aquí para poder mudarme pronto. ¿Y tu? ¿Hace cuanto volvisteis de Roma?
-Que bien... La verdad es que me alegro mucho de volver a verte.- dije sincera.- Volvimos hace unos cuantos meses...- fingí una sonrisa
-¿Te ocurre algo?
-No, no. Estoy bien.- otra vez intenté sonreí.
-Venga Alex, ¿qué ha pasado? ¿Malú está bien?
-Lo... lo hemos dejado...- su cara cambió por completo al instante, pero no supe descifrar si para bien o para mal.
-Dios... lo lamento muchísimo...- se acercó a mi y me abrazó- Estaré aquí siempre que lo necesites ¿de acuerdo?
-Muchas gracias.- sonreí
Después de que me contara como habían sido las cosas desde que había llegado a Madrid y lo que había estado haciendo, y después de que acabara de comer, decidimos quedar esta misma noche. No había un 'para qué' en concreto, simplemente nos apetecía quedar. Claro que le advertí que mi apartamento estaba patas arriba, pero dijo que le daba igual, 'Lo importante es la compañía' mencionó.
Cuando salí de la cafetería fui a hacer la compra. Mi nevera estaba completamente vacía y sabía que luego me iba a dar aún más pereza.
Lo malo es que, olvidé que yo soy de las que no puede entrar a un centro comercial deprimida, porque no voy a comprar solo comida, ni tampoco solo lo necesario.
Compré botes y botes de helado de chocolate, golosinas varias, bebidas (muchas) y cuando salí de allí no pude evitar ir a las tiendas de en frente. Zapatos a montones. Cinco o seis pares entre sandalias, botal y tacones... Y todo eso sin contar lo que me compré en las demás tiendas de ropa. Vestidos, faldas, pantalones, más zapatos, blusas, chaquetas... Incluso un sombrero, no sé para qué.
Había hecho un gasto innecesario pero sobre todo descomunal. Si no fuera porque ahora estoy sola y dependo de menos dinero para vivir, seguramente estaría arruinada.
Aún así me dio igual. Aquello había hecho que me sintiera mejor, que me despejara al menos un rato. Claro que tendría que haberle dado tregua a la tarjeta, pero al fin y al cabo vida solo es una y hay que disfrutar de las cosas mientras se tienen.
Ya en casa y con todas aquellas bolsas que tuvieron que ayudarme a traer solo me quedaba organizar el piso. Ordenarlo no, porque no me daba tiempo a falta de dos horas para que llegara Sandra, pero si esconderlo todo hasta que pudiera ordenarlo, para no tenerlo todo tirado por el medio. Es como cuando tirabas migas de algo en el suelo en cuanto tu madre acababa de barrer y luego las escondías bajo la alfombra para que no las viera, tal cual así.
Conseguí hacerlo todo en tiempo récord y hasta me dio tiempo a ducharme y estar media hora eligiendo lo que me pondría.
Ahora solo me faltaba ver lo que hacía de cenar y esperar a que viniera...
Me decidí rápido, pero no hice nada porque me daba pereza. Llamé a la pizzería y les di el pedido para dentro de media hora. Ahora si, solo tenía que esperar.
Y esperé. Esperé tanto que creo que me quedé dormida un rato bastante largo. O eso me había parecido a mi.
A las 21:00 en punto Sandra ya estaba aquí y la pizza llegaría en unos cinco minutos. Todo según lo previsto.
-Que puntual.- sonreí- Bienvenida.- le di dos besos y pasó al salón.
-Me gusta mucho tu apartamento.- dijo mientras veía las vistas en el balcón.- Pero... ¿Por qué decidiste venir aquí ahora?
-Bueno... Obviamente al dejarlo con Malú no tenía ningún sentido seguir en su casa. Necesitaba irme de allí cuanto antes. Los recuerdos eran algo que no me dejaban seguir... Tenía sus fotos por toda la casa. Nuestras fotos. Cada regalo que nos habíamos hecho, cada momento vivido, cada discusión... Todo estaba guardado en aquella casa. Y entre todas esas cosas sentía que me ahogaba, si me quedaba más tiempo me volvería loca.- una lágrima recorrió mi mejilla. Sandra pasó su mano por mi cara secándome las lágrimas y me miró fijamente a los ojos.
-A veces necesitamos que todo termine para volver a empezar con más fuerza... ¿entiendes?
-Si, lo entiendo.- sonreí. Estuvimos abrazadas un tiempo hasta que llamaron al timbre y me acerqué a abrir.
-Quería traértela yo...- dijo
-Me amargas hasta la cena.- dije enfadada
-Quiero pedirte perdón Alex. Sé que me comporté como un capullo...
-Menos mal que te das cuenta. Te aprovechas de mis peores momentos. Lo sabes ¿no? Eres despreciable.
-Lo sé y lo siento... Pero aún hay una cosa más que tengo que decirte...
-Carlos, está una amiga aquí, se nos enfría la cena y tu estás dando el coñazo. ¿Es tan importante que no puedes esperar a otro momento?
-Es demasiado importante, para ti al menos...
-Bueno venga. Dime.
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