-¿Si?- contesté al teléfono con la voz más horrible del mundo. Me acababan de despertar y entre el sueño que tenía y el cabreo parecía tal cual un ogro.
-Buenos días dormilona.- al oír su voz se me pasó. No sé que me pasa con esta chica, pero no puedo enfadarme con ella. Cada palabra que sale de su boca consigue calmarme como pocos podían lograr últimamente.- ¿Me abres la puerta?
-¿Estás aquí?
-Si, no quería desayunar sola.
-Espera, espera... ¿Pero qué hora es?
-Las siete y media boba.
-¿Qué dices? ¿Vas a hacer que me levante a las siete y media de la mañana? Hoy te quedas fuera guapa.
-Venga Alex... No seas aburrida. Tienes que disfrutar el día mujer.
-Sandra, si me quieres déjame dormir, por favor...- supliqué intentando que mis sollozos sonaran lo más convincentes posible.
-Ábreme o me enfado, vaaaaaaa.
Colgué el teléfono y me levanté de mala gana. Le abrí la puerta con cara de enfadada a lo que respondió apretando mi cara con sus manos y besando seguidamente mi mejilla.
Traía una bandeja con dos cafés y una bolsa con diferentes pasteles.
-¿Tu quieres que engorde o qué es lo que te pasa?
-Entiéndeme mujer, necesitas energía para aguantar bien el día.
-Pero si no voy a hacer nada en todo el día.- protesté
-¿No? Pues yo había pensado llevarte a un sitio...
-No. No, no, no, no y no.
-¿Cómo que no? Tienes que salir de casa Alex. ¿Vas a dejar de respirar por que Malú haya decidido dejarte?- lo dijo así, de un tirón, y me llegó al alma.
-No quiero ir Sandra.- contesté seca
-Me da igual que no quieras, vienes y punto. Anda, vístete.- me quedé quieta, sin ninguna intención de moverme y se acercó a mi tanto como se lo permití, levantó mi barbilla con sus manos y me miró fijamente a los ojos.- Escucha cielo, sé que estás mal por todo esto, te entiendo perfectamente. Pero quedarte aquí encerrada todos los días es peor. Necesitas salir, distraerte un poco. Déjame que te lleve a un sitio, estamos allí un rato y si quieres volver pues volvemos ¿vale?
-Está bien...- cedí
Fui a vestirme al acabar el café y volví unos minutos después. Me puse un pantalón corto, ya que estábamos en pleno verano y el calor se hacía notar, con una camiseta de asas y unas sandalias planas.
Cuando ya estuve lista del todo nos fuimos. Sandra insistió en conducir y no me opuse, al fin y al cabo yo no sabía a donde íbamos.
Condujo unos 15 minutos. Miraba a la carretera sonriente y sin decir palabra. Aparcó en un descampado y aquello me desconcertó. ¿Íbamos a hacer un pícnick en un descampado o algo?
-Sandra ¿a dónde vamos?
-No seas impaciente, ya lo verás.- Estuvimos andando un buen rato. Allí no parecía haber nada, solo noté que hacía mucho más calor, y yo estaba demasiado cansada.- Ven, tengo que taparte los ojos.
-¿En serio? Pero si aquí no hay nada...
-En serio, venga.- dejé que me tapara los ojos y caminamos despacio. Iba detrás mía, con una de sus manos en mis ojos y la otra que rodeaba mi cintura.- Hemos llegado.- dijo quitándome la mano de los ojos y abrazándome por la espalda. Apoyó la cabeza en mi hombro y sonrió. Yo me paré a ver aquel lugar. Era precioso. Era una casa casi tapada por completo con un montón de rosas y diferentes flores. Frente a nosotras una mesa con dos sillas, decorada también con flores. Era el porche de aquella casa tan impresionante.
-Dios...- dije con la boca abierta- Es preciosa Sandra... ¿Dónde estamos?
-Esta es "la casa cursi"- reímos- Así la llamaba mi abuela. Me traía aquí a veces cuando mi madre me dejaba con ella. Merendábamos siempre en esa mesa de ahí. Cuando se fue, fui la única heredera con derecho a optar por ella. Desde entonces siempre que estoy mal vengo aquí porque está apartado de todo, da mucha paz ¿sabes?
-Desde luego... Y es precioso. Pero ¿quien cuida todas estas flores?
-Mi abuela tenía un jardinero desde que la compró. Cuando el murió dejó a cargo a su hijo y desde entonces el viene cada día.
-Me encanta, de verdad.- y no mentía, realmente me fascinaba aquel lugar. Era uno de esos lugares tranquilos en los que te gustaría perderte y que no te encontraran nunca.
De repente, mientras hablábamos y Sandra me contaba cosas sobre su abuela, Sofía me llamço al móvil.
-Sofi, dime.
-Alex ¿donde estás?
-He salido con Sandra ¿por?
-Ah no, nada, es que fui a tu casa y como no estabas muy por la labor de salir me sorprendí.- rió- Escucha, mañana tienes que venir conmigo a elegir mi vestido para la boda.- se me había olvidado por completo. ¿Cómo no podía acordarme? Menos mal que me había llamado...
-Se me había pasado por completo que era mañana.- admití- ¿A qué hora me recoges?
-Sobre las 12 de la mañana. Estate lista porque quiero acabar cuanto antes. Ah y... No te llamé solo por eso Alex.
-Claro, dime.
-Tienes que ir pensando a quien vas a llevar contigo.
-¿Como? No quiero ir con nadie Sofía.
-Alex... ya va siendo hora de que pases página. Puedes encontrar a alguien que valga la pena y...
-No, mira ¿sabes que voy a hacer? Voy a ir acompañada, si. Pero no con una pareja sino con una amiga.- mi hermana rió. ¿Acaso pensó que se lo decía en broma?
-¿Y quien es esa amiga?- lo dijo con cierto aire irónico, cosa que me molestó bastante.
-Hasta mañana Sofía, no llegues tarde.
Colgué el teléfono y me disculpé con Sandra por haberla interrumpido antes.
La verdad, se me había pasado por la cabeza invitarla a venir conmigo a la boda. No se por qué pero creo que es la persona ideal para venir conmigo. Sandra es la persona que más me está ayudando con todo esto, mi gran apoyo. Claro que, aún no estaba del todo claro si me diría que si. No sabía si quiera si era una de esas personas que odia las bodas, a lo mejor le sentaba mal la invitación...
Seguimos charlando sin preocupación alguna de que se nos estuviera haciendo tarde. Casi veíamos la luna pero nosotras seguíamos hablando despreocupadas.
No tuve prisa por decirle lo de la boda. Al fin y al cabo aún quedaban dos semanas.
Pero cuando mejor estábamos, mi móvil volvió a sonar y no, no era mi hermana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario