¡No puede ser ella! Se me pasó por la cabeza que quizás no era ella, y que solo me había imaginado su voz, o vaya uno a saber que... Me incorporé sobresaltada pero no había nadie. ¿Qué está pasando? Al momento me di cuenta de lo que pasaba: me había quedado dormida y todo había sido un sueño. Miré mi móvil y efectivamente era así. Llevaba ya un buen rato tumbada en la hierba durmiendo. Pero no lo entiendo, todo parecía tan real...
Estaba empezando ya a hacer frío y decidí irme a la habitación.
Como tenía un poco de hambre, fui primero a la cafetería del hotel a comer algo. Pedí un café y un bollo y me senté en una mesa que había al lado de una pequeña ventana.
De repente, al girar la cara vi una silueta en la barra que me sonaba. Al principio pensé que no, no podía ser ella. Y si lo era seguro que eran imaginaciones mías, por acabar de despertarme.
Luego vi su larga y ondulada melena marrón. Entonces me autoconvencí. Si, es ella. Tiene que ser ella. No creo que nadie en el mundo pueda tener semejante pelo. Nadie. Cogí valor (no se exactamente de donde), me levanté y caminé hacia la barra. A dos centímetros de donde estaba ella volvieron a entrarme las dudas. ¿Querrá verme?
Hice lo posible por no pensar y seguí andando. Llegué allí y apoyé mi mano en su hombro.
Se giró... ¿Cómo es posible que me haya vuelto a pasar esto?
-Disculpe... pensé que era otra persona.- Supongo que no hablaría español, por que solo me asintió y sonrió.
No es posible. No me puede haber pasado lo mismo dos veces. Seguro que es el cansancio o algo. O que me siento tan culpable por todo lo que hice, que ahora veía visiones constantemente.
Todo esto me hacía dudar si realmente estaba en Roma en aquel momento. Luego me di cuenta de que era una estupidez, claro.
Decidí ir a la habitación a descansar un rato, eso sería lo mejor.
Subí los 4 pisos hasta mi pasillo correspondiente con un chico bastante... no encuentro la palabra. Siniestro tal vez. No se por que, pero me daba miedo.
Por fin llegué al enorme pasillo que solo de ver lo enorme que era me mareaba. Seguí los cartelitos y encontré la habitación (por que ya no me acordaba donde estaba). Busqué la llave en mis bolsillos pero no estaba. Mierda, seguro que se me había quedado en la hierba. Si es que a torpe no me gana nadie...
Genial, ahora tenía que volver a bajar. En fin...
Iba caminando hacia el ascensor cuando vi a una niña mirando los número de las habitaciones y una tarjeta a la vez.
-¿Puedo ayudarte?- le dije sonriente
-Pues... busco la habitación 505. Mi madre me dijo que la trajera. Estaba fuera.
-Esa es mi habitación! Iba a ir ahora a buscarla, se me cayó antes. ¿Cuantos años tienes?
-Tengo 11. Me llamo Paula.-la niña me dio la tarjeta, un poco desconfiada
-Pues encantada Paula, y gracias por mi llave- sonreí
La niña se fue y ahora si, por fin podía entrar en la habitación.
Entré sin fijarme realmente en nada, iba terriblemente despistada. Cuando miré hacia arriba la vi sentada en la cama. Se quedó mirándome fijamente sin decir nada. Tenía lágrimas en los ojos y el móvil en la mano. Me quedé en shock. No sabía si ahora era de verdad o era otra imaginación mía.
-Pensé que no ibas a venir.- dijo corriendo hacia mi y abrazándome. Cuando vi que era real y reaccioné por fin, le contesté. Mi voz temblaba un poco, pero daba igual.
-Yo pensé lo mismo... Y me asusté. Perdóname Malú, en serio. Fui una imbécil.
No dijo nada más, solo se acercó un poco más y nos besamos. Nos besamos con más ganas que nunca y despacio nos fuimos acercando a la cama mientras nos desvestíamos la una a la otra.
Va a ser verdad eso que lo mejor de las peleas es la reconciliación...
Después de un rato con mi cabeza apoyada en su pecho me decidí a hablar con ella.
-¿Por qué Roma?
-¿Y por que no?
-¿Cómo sabías que iba a venir?
-Porque confío en ti. ¿Y tu como sabías que vendría yo?
-Porque confío en ti...
-¿Ves? Las dos confiamos en la otra. Esto es una señal de algo.- reímos- Se está haciendo muy tarde... ¿quieres que demos un paseo y busquemos algún sitio para cenar?
-Claro- sonreí.
Se fue a la ducha, esperé un momento y la seguí. Hacía ya bastante que no nos duchábamos juntas, y que mejor ocasión que en Roma ¿no?
Tardamos algo más de lo pensado, pero dio igual.
Bajamos a recepción y Malú le preguntó al recepcionista, valga la redundancia, si conocía algún restaurante bueno por allí cerca. Le dio una dirección y salimos de allí.
Hacía una tarde-noche preciosa. No se si era preciosa porque estábamos otra vez juntas, si porque estábamos en Roma o vaya uno a saber por qué.
Tuve ganas de pasear con ella cogiendo su mano. Unas ganas enormes. Aún así me mantuve como siempre, un poco distanciada por la gente.
-Alex... No muerdo eh.- bromeó
-Ya lo se tonta.
-Entonces acércate.- Cogió mi mano y tiró de mi.
-Malú... ¿y la gente?
-La gente que mire lo que quiera.- sonrió.
¿Era aquel el paso que necesitábamos para que nuestra relación se volviese totalmente fuerte? ¿Acaso estaba pensando en contarlo? Yo os aseguro que no la entiendo. No entiendo como cambia de opinión de un día para otro. ¿O si lo entiendo? Desde luego, si me pagaran por montarme paranoyas, sería multimillonaria. Lo que si entiendo es que me gustaba la idea de que no tuviéramos que escondernos más. ¿Sería realmente el momento? Lo fuera o no, yo lo estaba deseando.
-¡Alex!- gritó sacándome de mis pensamientos
-¿Qué pasa?- dije asustada. No entendía nada.
-¿Me has escuchado?- asentí- A ver lista ¿que he dicho?
-Pues...- no tenía ni idea- ¿Que me quieres?
-No boba, aunque eso es cierto.- sonrió- He dicho que si te gusta el sitio o buscamos otro.- Ni siquiera me había dado cuenta de que habíamos llegado. Miré a mi alrededor y el restaurante era bastante grande y bonito. Si, estaba bien. Pero tenía mucha gente. ¿Se había dado un golpe o algo? Ella nunca me llevaba a sitios llenos para que no nos viera la gente. ¿Que la había hecho cambiar de opinión?
- Si, si, es perfecto.- sonreí. Cuando nos sentamos y después de haber pedido lo que íbamos a comer se me ocurrió preguntarle esto que tanto me intrigaba.- Malú... ¿Puedo preguntarte algo?
-Si, claro. ¿Qué pasa?- dijo dejando el vaso de coca-cola sobre la mesa y mirándome fijamente. Tardé un rato en hacerle la pregunta, por que me perdí por completo en su mirada. Me hipnotizaba con esos ojos que tenía, que parecían absorberte cada vez que te parabas en ellos.
-¿Que ha cambiado para que no te importe que nos vea la gente?
-Pues... Que te quiero. ¿Sabes? Pensé que si te ibas a California te acabaría perdiendo para siempre. Me entró un miedo que no había sentido nunca... Entonces me di cuenta de que si tu no estás aquí yo no hago nada. Así que si te quiero ¿por qué ocultarlo?
Ante aquello no supe qué decir. Me acababa de dejar absolutamente sin palabras. Pero había una pregunta que absurdamente mi subconsciente se planteaba: ¿Sueño o realidad?
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