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martes, 4 de marzo de 2014

Capítulo 28.- QUÉ ESPERABAS

Narra Alex:
Estoy hundida. En menos de dos días mi vida acaba de cambiar de nuevo, esta vez para mal. 
En México, tras decidir regresar a Madrid, todo me sobrepasó después de hablar con María. Lo bueno que pude sacar de aquello fue que Malú me diera fuerzas para estar bien. 
Pero ¿y ahora qué? Resulta que volvemos a Madrid, estamos un rato juntas en el que (por fin) vuelvo a mi felicidad de cada día, y cuando vuelve de comprar la comida me dice que nos tomemos un tiempo. No me lo creo. Estoy en shock aún. Tanto es así que estoy sentada en la hierba del parque de siempre, con las maletas tiradas y mi cabeza apoyada en el árbol. No puedo más. No hago más que llorar en vez de ir a hablar con ella para que me explique todo lo que ha pasado. Soy una imbécil. 
Aún no he llamado a mi hermana, pero rezo para que siga aquí y me deje quedarme con ella. 
No tengo fuerzas para nada. Mi móvil suena una y otra vez pero no, no lo voy a coger. No puedo. 
Después de estar un rato pensando, decido llamar a Pedro y quedo con el. Me pongo unas gafas de sol para que no pueda verme los ojos hinchados y voy hacia la cafetería de siempre. A lo lejos puedo verlo y fingiendo una sonrisa le saludo con la mano. 
-¡Alex! ¡Dichosos los ojos! ¿Que tal?
-Bien- mi voz entrecortada me delata pero parece no darle importancia.- Escucha, te he llamado por que quiero gravar cuanto antes lo que falta para poder irme. 
-¿Irte? ¿A donde?
-Quiero volver a Vigo- no se me ocurría excusa ninguna así que tuve que pensar algo rápido- voy a estar con mi padre un tiempo...
-Ah vale, sin problema. Si quieres vamos al estudio ahora y las intentamos grabar ahora. ¿Tienes prisa?
-No, tengo todo el tiempo del mundo- dije fingiendo una pequeña sonrisa. 
-Entonces vamos. 
Entró a pagar y nos fuimos al estudio. No me había dicho nada hasta ese momento, pero el sabía que me pasaba algo. 
-Bueno, ¿vas a contarme que te pasa?
-No me pasa nada Pedro, de verdad.
-Alex, las gafas podrán esconder tus ojos, pero tu voz no puede ocultar nada. En serio, sé perfectamente que algo te pasa. 
-No es nada Pedro, solo estoy pasando por un pequeño bache... pero pronto estaré bien. 
-Ese pequeño bache es lo que te hace querer irte a Vigo otra vez ¿verdad?
-En cierto modo... si, es por eso... 
-Bueno, sabes que si quieres contármelo soy todo oídos.- me acarició cariñosamente el hombro y me dedicó una sonrisa.
Llegamos al estudio. No se de donde iba a sacar la voz para cantar todas aquellas canciones que tanto me recordaban a Malú... pero si quería irme pronto más me valía hacerlo bien a la primera. 
Me senté delante del micro, respiré profundamente y fuimos con la primera canción. Parecía llevarlo bien hasta que llegamos a la tercera, que la había escrito mi primer día en Madrid, cuando la conocí. Todos los recuerdos se fueron acumulando en mi cabeza y no pude evitar que las lágrimas empezaran a caer por mi mejilla. No se como, pero conseguí terminar la canción sin desafinar y al terminar levanté la cabeza y vi como Pedro me hacía gestos de que estaba genial, que siguiera. 
Eran 10 canciones. 10 canciones en las que cada letra me recordaba su nombre. No podía evitar emocionarme en cada una de ellas. Se me juntaban los recuerdos, todos. Uno detrás de otro como si de una película se tratara. En la última canción mi voz ya no era la misma. Se quebraba por mis lágrimas, por lo que tuve que salir a tranquilizarme. Pedro quiso decirme algo, pero no le dio tiempo. Fui al baño, me puse frente al espejo y me lavé la cara. Estuve allí un rato hasta que por fin estaba más tranquila. Respiré, volví a mojarme la cara, puse una pequeña sonrisa como pude y volví para acabar aquella canción. Otra vez mis ojos se humedecieron, pero ni una sola lágrima. La voz sin temblar y la canción perfecta. Ya estaba el disco acabado y gravado solamente por mi. Dentro de una semana se ponía a la venta y yo tenía que ir a la radio, a entrevistas, sesiones de fotos... y todas esas cosas antes y después de sacar el disco. Pero no pensaba en eso, pensaba en volver a Vigo, ver a mi padre un rato y después ir a mi antigua casa y quedarme allí. El resto se vería luego. 
Le di las gracias a Pedro y me fui. 
Había cogido un billete para ir en tren, pero aún me quedaba media hora de espera. 
Cogí mi móvil y vi todas las llamadas perdidas que tenía. La gran mayoría eran de Malú, que a todo esto no se el por qué de sus llamadas... pero aún así no voy a llamarla, ni a contestarle tampoco. 
Por fin llegó el tren. Subí, me puse los cascos y no sé exactamente cuando pero me quedé dormida. Llegaría a Vigo por la noche, así que fui buscando las llaves de aquel piso para ponerlas más a mano.
Cuando llegué a Vigo, por un momento se me ocurrió ir a visitar a mi padre, pero luego lo pensé mejor y decidí esperar al día siguiente, más que nada por que las pintas que llevaba no eran muy decentes...
Abrí la puerta y encendí la luz. Todo estaba tal y como lo recordaba. Era un piso pequeño pero muy acogedor. Me serviría de sobra para olvidarme de todo lo que estaba pasando, por un tiempo. No esperé, cogí las maletas y las dejé en una esquina de la que siempre había sido mi habitación. Me descalcé y me tumbé en la cama mirando al techo. Tenía que dormir un poco,  pero como todos sabéis, las noches para eso no son especialmente una ayuda, ya que es cuando más te comes la cabeza. Y eso fue justo lo que yo no pude evitar. Pasaban las horas y yo seguía allí pensando en lo rápido que había ido todo. Ella ya no estaba aquí, me había quedado sin la razón de mi felicidad, literalmente... Lo cierto es que seguía sin creérmelo, aquello estaba siendo una pesadilla. 
Dieron las 9 de la mañana y decidí levantarme. Me había pasado toda la noche despierta y como consecuencia mi cara me delataba. Tenía ojeras y los ojos rojos e hinchados. Tan hinchados que hasta me costaba abrirlos. Creo que fue el día que más maquillaje me tuve que poner en toda mi vida junta, y ni así conseguí disimularlo del todo. 
Llamé a mi padre y le conté que estaba en Vigo. Me dijo que mi hermana y Edu estaban con el y quedamos para desayunar. 
Habíamos quedado en la cafetería de mi tío. A cuatro pasos de la puerta miré el reflejo de mi cara en el móvil, fingí una pequeña sonrisa y me dirigí a entrar. 
Saludé a todos y me senté allí con ellos. 
-Bueno Alex ¿qué haces aquí? ¿Y dónde está Malú?- dijo mi padre aún sin saber nada. Lo cierto es que no sabía si contarles lo que había pasado o no. Me quedé callada y mi hermana notó que mi cara cambiaba. Llevaba gafas de sol, pero aún así se me notaba cuando lloraba por que me ponía roja. Me delataba demasiado rápido.
-¿Ha pasado algo?-preguntó entonces Sofía
-No, no, nada.- contesté como pude e intentando sonreír.
-Alex, en serio. ¿Qué ha pasado?
-Nada Sofía. Me ha pedido que nos tomemos un tiempo, solo es eso... 
-Pero ¿por qué?
-La prensa... alguien les dio un chivatazo al parecer... no sé.
-¿Y tu que le dijiste a ella?
-Nada... solo pude decirle que si era lo que ella quería pues...- en ese momento ya no aguantaba más. No pude evitar ponerme a llorar aun que no quería hacerlo delante de ellos. Ninguno dijo nada. Sofía se acercó y me abrazó. Después de unos minutos en silencio decidió hablar. 
-¿Y que piensas hacer?
-Me voy a quedar aquí... Ayer volví a grabar mi disco, esta vez yo sola y la semana que viene se pone a la venta. He pensado que hasta que tenga que ir a la radio y a las entrevistas me vendrá bien quedarme aquí y olvidarme de todo aun que solo sea un poco...
-¿Quieres que nos quedemos aquí contigo Edu y yo?
-No mujer, no... Id, así cuando vaya a Madrid tendré donde quedarme -sonreí-
Después de estar allí un rato con ellos volví al apartamento. No quería hacer nada. Simplemente me senté en el sofá y encendí la tele. Mi móvil empezó a sonar otra vez. En esta ocasión las llamadas eran de María. Pero tampoco contesté, no me apetecía en absoluto. 

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