PUBLICACIÓN NÚMERO 100!
Bueeeeno. Llegamos ya al final de esta novela que tantas alegrías me da. Que me unió a tantísimas personas impresionantes, y me enseñó cosas que ni yo sabía. Esta novela, no es una simple novela para mi. Esta historia me ha enseñado mucho, me ha hecho cambiar para mejor y ha hecho que descubriera cosas que antes no veía.
Quiero darle las gracias, antes que nada a María por cederme 'la carta' en este capítulo. Es una escritora de 10 y una persona genial, aunque no la conozco mucho.
También a Lorena, Ana y Verónica por darme ideas en su momento, que me fueron muy útiles para mi poca inspiración.
Y ahora, bueno, quiero daros las gracias a todos los que esteis leyendo esto, a todos los que me leéis, que sepáis que esto es solo gracias a vosotros, porque sino nada tendría sentido...
Termino diciendo que es para mi muy difícil tener que dejar de escribirla, tener que despedirme así, sin más. Pero es una novela muy especial, a la que le tengo muchísimo cariño, por lo que voy a escribir más de ella, como ya dije, relatos, para seguir con ella un poquito más.
Os doy las gracias, de corazón, por todo el apoyo y por todos los buenos momentos que me habéis dado entre todos.
----------------------------------------------------------
Me entretuve durante un rato acariciando su pelo mientras ella acariciaba mi mano con dulzura. No sé cuanto tiempo estuvimos en aquel sofá, pero tampoco tenía ganas de hacer otra cosa que no tuviera que ver con ella. Sofía se había llevado a los niños y a los bichos de paseo, lo cual nos había dejado mucho tiempo libre, que estábamos aprovechando como mejor sabemos: regalándonos besos y caricias en todo momento.
Bueeeeno. Llegamos ya al final de esta novela que tantas alegrías me da. Que me unió a tantísimas personas impresionantes, y me enseñó cosas que ni yo sabía. Esta novela, no es una simple novela para mi. Esta historia me ha enseñado mucho, me ha hecho cambiar para mejor y ha hecho que descubriera cosas que antes no veía.
Quiero darle las gracias, antes que nada a María por cederme 'la carta' en este capítulo. Es una escritora de 10 y una persona genial, aunque no la conozco mucho.
También a Lorena, Ana y Verónica por darme ideas en su momento, que me fueron muy útiles para mi poca inspiración.
Y ahora, bueno, quiero daros las gracias a todos los que esteis leyendo esto, a todos los que me leéis, que sepáis que esto es solo gracias a vosotros, porque sino nada tendría sentido...
Termino diciendo que es para mi muy difícil tener que dejar de escribirla, tener que despedirme así, sin más. Pero es una novela muy especial, a la que le tengo muchísimo cariño, por lo que voy a escribir más de ella, como ya dije, relatos, para seguir con ella un poquito más.
Os doy las gracias, de corazón, por todo el apoyo y por todos los buenos momentos que me habéis dado entre todos.
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Me entretuve durante un rato acariciando su pelo mientras ella acariciaba mi mano con dulzura. No sé cuanto tiempo estuvimos en aquel sofá, pero tampoco tenía ganas de hacer otra cosa que no tuviera que ver con ella. Sofía se había llevado a los niños y a los bichos de paseo, lo cual nos había dejado mucho tiempo libre, que estábamos aprovechando como mejor sabemos: regalándonos besos y caricias en todo momento.
-Cielo ¿hiciste ya la maleta?-pregunté con un hilo de voz, muy cerca de su oído.
-Si, todo listo.- sonrió- ¿A qué hora sale el avión?
-En cinco horas. Nos dará tiempo, supongo.
-Verás como si.- acercó mi cara a la suya y nos fundimos en uno de esos besos que tanto me encantan.
Nos íbamos de luna de miel, pero sin boda, no sé si me explico. Realmente, me quedan tantas cosas por decir, que ni sé por donde empezar. Supongo que las cosas entre nosotras cambiaron mucho los últimos años, tal vez demasiado pero... hubo un día que no voy a olvidar nunca.
//
Era martes, a las ocho de la mañana exactamente. Estaba a punto de salir a correr, porque desde que ella se había ido, digamos que las tarrinas de helado y las tabletas de chocolate me habían pasado factura. Hacía frío, pero un frío distinto al de todos los días. Era pleno Enero y si no nevaba, poco quedaba ya. Mi móvil sonaba, pero por mucho que di vuelta todos los cojines de la casa, por mucho que puse el apartamento patas arriba, no conseguía encontrarlo. Cuando por fin di con el, ya habían colgado y era un número que no conocía. 'Ya volverán a llamar' pensé.
Sandra llamó al timbre y bajé ya corriendo por las escaleras. La saludé con dos besos y empezamos nuestra carrera, que desde hacía ya unos meses habíamos pactado hacerlo juntas cada día. Estuvimos una hora corriendo, contándonos nuestros cotilleos cuando aún nos quedaba aliento para hablar. Sandra me contaba que estaba conociendo a alguien, al parecer era una chica muy maja, de su misma edad y que acababa de mudarse a la ciudad. Yo... bueno, yo no tenía nada nuevo que contarle. Desde la boda de mi hermana nadie había ocupado el lugar de Malú, nadie. Intenté olvidarme de ella, centrándome en mi trabajo y saliendo más, pero ni eso era suficiente. Me repetían contantemente que tenía que conocer gente, abrirme a que apareciera alguien nuevo en mi vida. ¿Pero como olvidas a la persona que amas? Supongo que todos tenemos una debilidad, una persona que por mucho que queramos no conseguimos sacar de nuestra cabeza. Es la persona que cambiaba nuestros días y los hacía de colores. La persona con la que compartíamos cada minuto de los días, la rutina personificada... Entonces, cuando todo se acaba, o al menos tu piensas que es así, no puedes pensar en otra cosa que no tenga que ver con quien te hacía sonreír llorando. 'Tu eres quien me hace llorar, pero solo tu me puedes consolar...' Y que razón lleva la canción.
El caso es que desde que se había ido sentía que tenía que esperarla, que en algún momento volvería y estaríamos juntas otra vez. Pero una parte de mi también veía la posibilidad de que ya no volviera, de que nuestra historia se hubiera acabado para siempre. ¿Y si era así? ¿Qué iba a hacer yo si ya no volvía?
En resumen, mis días sin ella eran vacíos, completamente vacíos. Sandra y mi hermana siempre intentaban que conociera a alguien, al menos que intentara conseguir una pareja nueva, pero nunca lo consiguieron, porque nunca estuve dispuesta a estar con nadie que no fuera ella. ¿Obsesión? Mucha, la verdad. Pero si, tenía un pálpito, que por pequeño que fuera me hacía confiar en que faltaba poco para volver a tenerla a mi lado. Y eso me empujaba a levantarme por las mañanas y pensar '¿Será hoy el día?' Que al final nunca era el día, pero cada día que de iba, era un día menos para volver a verla, lo intuía.
Me despedí de Sandra y subí a casa con la mirada fija en el móvil, por lo que cuando entré ni cuenta me había dado de que algo no estaba como siempre.
-Si llego a ser un asesino en serie ya estás muerta guapa.- nada más escuchar su voz mi móvil cayó al suelo, aunque con la buena suerte de que no le pasase nada. Tuve una sensación algo extraña, un cosquilleo interno que me hacía temblar, estaba nerviosa y ni las palabras me salían. Hoy era el día.
-Pe... Pero... Esto... ¿Qué haces aquí?
-Yo también me alegro de verte.- sonrió y se me cayó el alma al suelo. No me lo podía creer. Solo tenía ganas de correr hacia ella, abrazarla muy fuerte y besarla como hace tiempo quise hacerlo. Pero no podía.
-Lo siento, es que no te esperaba y... lo estoy asimilando.- reí
-Anda tonta, ven aquí.- se levantó y extendió sus brazos. No me lo pensé y corrí a abrazarla. Hundí mi cabeza en su hombro y saboreé aquel momento, como si hiciera mil años que no sentía su aroma.
-Te eché mucho de menos Malú... Muchísimo.- dije mirando sus ojos
-Y yo a ti... Pero a estoy aquí. Supongo que tendremos mucho que contarnos ¿no?
-Si... mucho... ¿Has desayunado?
-Aún no ¿y tu?
-Tampoco. Vamos, ¿no?
-Claro.- sonrió.
-Pues me ducho y en quince minutos bajamos.- sonreímos
Me duché, me vestí y nos fuimos a la cafetería a desayunar. Hablamos durante horas, teníamos mucho que contarnos. Solo había pasado medio año desde que se había ido or segunda vez, pero a mi se me había hecho eterno, más que nada antes.
-Y, dime... ¿Has encontrado a alguien?- dijo sonriendo, mientras me miraba y me mataba al mismo tiempo
-No.- sonreí- No he buscado en realidad.
-¿Por qué?
-Supongo Debido a que fue preparado en ¿Tu ... si ...?
-Yo la encontré hace tiempo.- mi cara debía de ser un poema, porque no tardó en reírse de mi, como normalmente solía hacer.- Mira, lo que más me gusta de ella es que sigue igual que siempre. Que parece que no cambia nunca, y tampoco pienses que quiero que cambie... Es perfecta. Sigue poniendo cara de idiota cuando le hablo, lo cual me provoca una risa interminable, sigue aparentando estar de una pieza cuando en realidad no es capaz de seguir consigo misma... Pero sin duda, lo que más me gusta, es que cuando me dijo que me iba a esperar, lo cumplió.- sonrió, y yo seguía sin encajar aquello, no entendía lo que me decía, parecía idiota.- Alex... Esta vez vengo para quedarme. Pero solo voy a volver a tu lado si tu lo quieres.- no articulé palabra, no sabía como hacerlo. Después de unos minutos de silencio, se acercó a mi y besó mis labios, recordándome lo mucho que los echaba de menos. Una lágrima empezó a caer por mi mejilla, pero no sabía explicar por qué.
-Te eché muchísimo de menos Malú, ya te lo dije... Pero no se si estoy preparada para tenerte a mi lado otra vez... ¿Que voy a hacer si te vuelves a ir?
-No me voy a ir Alex, ya no. Mi trabajo en México ya se acabó, han trasladado otra vez a mi productor aquí, así que se acabaron los viajes, las idas y venidas... Solo tendrás que acostumbrarte a los conciertos, o recorrerte España conmigo. ¿Que me dices?
No le dije nada, me acerqué a ella y besé sus labios, sin más. No necesitaba palabras para decirle que si, para recordarle que quería mi vida con ella, otra vez. Sobran las palabras, con ella siempre sobran.
Pasamos el resto del día fuera de casa. Me contó un montón de anécdotas y yo... bueno, no tenía nada que contarle, realmente mi vida había sido muy aburrida estos meses, únicamente trabajaba y me pasaba las tardes con Sandra o con mi hermana y Chloe.
Entramos a su casa, una vez más. Pasaban de las doce de la noche y no se escuchaba nada, solo los ladridos de las perras al llegar, pero el vecindario parecía dormido.
Sacó una botella de vino. Como muchas otras veces, me senté en el sofá cogiendo la copa que me daba y brindando con ella. Pasaban las horas, pero siempre nos quedaba algo de que hablar, una broma que hacer... Hasta que en un momento dado me perdí en su sonrisa y mis ojos bajaron hacia ella. Miré sus labios, miró mis labios, y se acercó lentamente a besarme. Un beso, dos, tres... Así hasta que sus manos acariciaron mi abdomen y se deshicieron de mi camiseta. Recorrí su cuello, me deshice también de su camiseta y tiré de su brazo levantándola conmigo. Entre besos y deshaciéndonos del resto de nuestra ropa conseguimos llegar a la habitación. La cogí en brazos, cruzó sus piernas en mi espalda y caímos sobre la cama. Me dio la vuelta, quedando ella encima de mi. Sonreía pícaramente al tiempo que recorría mis lunares con sus labios, a la vez que yo acariciaba cada centímetro de su piel...
Una vez más pute sentirla más cerca de mi que nunca. Sentía que ya estaba conmigo otra vez, que ya no tenía nada de lo que preocuparme, ya estaba conmigo y no la dejaría escapar ni un solo minuto.
//
Si, ese fue el día. El día que todo cambió, o que nuestra historia tuvo un nuevo comienzo, llamadlo como queráis. Apartir de ese momento nada era lo mismo. Todo era alegría, sonrisas para aquí y para allá. Los problemas parecían no importar, siempre acabábamos solucionándolo todo con la mejor de las actitudes. Nos peleábamos, si, pero solo por no caer en la rutina.
Hicimos montones de viajes, montones de escapadas juntas que nos ayudaban a nu aburrirnos nunca. Habíamos llegado a la conclusión que lo único que podía destruírnos era el aburrimiento, aburrirnos de la otra y caer en la monotonía. Por eso siempre estábamos haciendo algo nuevo, diferente... Para avivar nuestra relación, aunque no le hiciera falta.
Pero después de tanto que pasamos juntos, llegué a la conclusión de que nada podía separarnos ya, porque ya lo conocía todo de ella y nada me aburría.
Supongo que después de estar tantísimo tiempo con la misma persona te acabas acostumbrando hasta a sus defectos. Acabas acostumbrándote a que no tenga tiempo para ti por su trabajo, a que esté tan despistada que queme la comida y por poco la casa... Detalles, supongo, que marcan la diferencia. Yo ya me había acostumbrado a ella, a sus mensajes después de los conciertos contándome lo increíbles que habían sido, a sus ensaladas para cenar, a sus enfados de niña pequeña, a sus 'cállate y abrázame', a que me cantara por las noches mientras acariciaba mi pelo, como si fuera una niña pequeña... A todo, incluso me había acostumbrado a todos sus enfados, a sus gritos, a sus protestas, a sus 'te lo dije'. Me acostumbré a su piel junto a la mía, a sus manos rozando cada poro de mi piel, a sus labios con los míos, a su sonrisa, a sus ojos, a su voz... Después de tanto ya era imposible que hubiera algo de ella que no me gustara. Había llegado a la conclusión de que hasta el más mínimo detalle me encantaba.
Y es que la quería, la quería como no había querido a nadie antes. La quería para pasar el resto de mi vida a su lado, para discutir, para llorar y para reír. La quería para que me dijera lo que hacía mal, para que me abriera los ojos cuando me equivocara, para que me hiciera ver que no soy la mejor aunque me lo crea.. La quiero para que me quiera, para que me mime, para que me consienta como si fuera una enana, para que me sonría y haga que me pierda, para que me mire y me hipnotice... La quiero, para que sea la mujer con la que me despierte cada mañana y pueda besar sus labios en cada minuto del día. Pero sobre todo, la quiero para poder gritarle al mundo lo feliz que soy a su lado.
Tampoco creáis que me queda mucho por decir, tampoco hay novedades en nuestra relación salvo los viajes, las veces que la acompañaba en sus conciertos... Cada hora de nuestra vida desde que habíamos vuelto había sido una montaña rusa, de las divertidas. Sonreíamos cuando estábamos en lo más alto, pero también lo hacíamos cuando casi tocábamos el suelo, por el simple echo de que estábamos juntas, supongo que eso nos hacía fuertes.
Si queréis que os cuente el hoy, estos precisos momentos de ahora, será mejor que os ponga en situación.
Hace unos meses, Malú me propuso un viaje. Un viaje que supusiera un antes y un después en nuestra relación. Quería algo especial, para poder estar más unidas si cabe. Por eso decidimos que cuando acabara la gira que estaba haciendo en ese momento, nos iríamos un mes de 'luyna de miel'. Claro, si, a ver... Obviamente las lunas de miel son después de que uno se casa, pero en nuestro caso, ninguna de nosotras quería casarse. Yo pensaba que eso era la sentencia de muerte de tu relación. Es decir, cuando te casas, lo que haces es adelantar la ruptura. ¿Por qué no puedes estar con quien amas sin necesidad de un papel que te diga lo que ya sabes? Veo el matrimonio como algo innecesario, simplemente porque a mi no me hace falta una ceremonia para demostrar que la quiero, que es la mujer de mi vida, no. Así que en definitiva, una luna de miel, sin estar casadas. Puede parecer raro, pero en realidad se trata de un viaje más, aunque eso si, el mejor de todos. Íbamos a recorrer las Américas en un mes. Empezaríamos por Canadá y acabaríamos en Chile. La verdad, no era un viaje de relax, spa's caros, hoteles 5 estrellas... Era más bien un viaje turístico, para conocer todo aquello que aún no conocíamos. Las cataratas más famosas, las aldeas más humildes, las ciudades más bonitas... Y además de eso, después de ese mes que pasaríamos allí volveríamos a Roma, a recordar los buenos momentos que pasamos allí todos aquellos años, para recordar lo felices que fuimos, en aquel pequeño barrio de casa humildes. Era una parte de nuestra vida que no podíamos dejar atrás.
Bueno, ya he hablado demasiado de nosotras... Hay también una historia preciosa en la familia: la de mi hermana y Jake. Llevaban ya mucho tiempo juntos, tuvieron una hija preciosa que ya conocéis, Chloe. Pero después de la boda todo cambió entre ellos, todo era mejor. Tuvieron tres hijos más, dos de los cuales eran mellizos. Imaginaros, el trabajo que conlleva tener cuatro hijos... nada fácil y menos para ellos, con Sofía en paro y Jake con un trabajo que no les daba para llegar a fin de mes. Cuando los niños fueron creciendo, Jake decidió buscar otro trabajo. Como no encontraba, llamó a su hermano, que le consiguió uno muy bien pagado en Estados Unidos. Mi hermana y el estuvieron semanas peleados, no se hablaban y cuando lo hacían era únicamente para reprocharse cosas... Hasta que comprendieron que tenían que dejar de discutir y pensar en los niños, en la felicidad de sus hijos. Jake se fue a Estados Unidos, y los cinco primeros meses estuvo mandando dinero para que los niños tuvieran todo lo que necesitaban. Pero como si eso no fuese suficiente, después de pensarlo mucho decidieron entre los dos que sus cuatro hijos vivirían mejor allí, con Jake. Sofía se fue con ellos, pasó unas semanas allí, pero pronto volvió. Cuando ya estaba aquí vivía conmigo, en mi casa. No le llegaba el dinero que Jake le mandaba para pagar todas las cuentas de su casa, pero a su vez el no podía mandarle más, porque sino les faltaría a ellos. Ella no encontraba trabajo, lloraba todas las noches porque echaba de menos a sus hijos, a Jake... Echaba de menos su vida de antes, y a mi me rompía el alma verla así, ver todo lo que le estaba pasando, pero no podía hacer más de lo que ya hacía.
Pero un día, a Sofía la llamaron de un trabajo. Estaba muy bien pagado y era como periodista en una de las revistas más importantes. En ese momento su suerte cambió. Los niños volvieron, poco a poco fueron solucionando sus problemas económicos. Sofía y Jake ya no discutían, sino todo lo contrario. Se les veía felices, más que nunca. Se veían dos meses al año, en los que Jake cogía sus vacaciones. No quiso dejar su trabajo allí, porque así todo iba a ser mucho más fácil. Se veían poco, pero cuando lo hacían se daban todo el amor que no les había permitido la distancia. A lo que quiero llegar con esto, es que a pesar de todos los problemas que tuvieron, a pesar de todas las dicusiones y los malos momentos siempre estuvieron juntos, apoyándose el uno al otro e intentando solucionarlo todo de la mejor manera posible. Discutieron, se pelearon, dejaron de hablarse durante días e incluso estuvieron semanas durmiendo en sitios diferentes, pero a pesar de todo lo malo siempre supieron arreglarlo, ser el apoyo del otro para lo bueno y para lo malo. Eso es el amor ¿no?
Bueno, no me quedan historias que contaros, no me quedan sentimientos que sacar, porque ya los habéis visto todos. Os puedo repetir tantas veces como queráis lo importante que es Malú para mi, lo muchísimo que la quiero y lo muchísimo que la necesito en mi vida. Pero mejor os cuento el día de la carta. Paso a explicar... El día de la carta fue exactamente hace dos semanas. Hace dos semanas le escribí una carta, en la que le dejaba claro todos mis sentimientos hacia ella. Fue uno de esos momentos especiales, que a todos nos gusta recordar, así que vamos a ello.
//
Faltaban apenas unos minutos para que llegara a casa. Coloqué el sobre sobre su almohada y me bajé al salón para que cuando entrara en casa no notase nada raro. Cogí una revista y simulé leerla, aunque disimular se me daba un tanto mal. El motivo de esa carta es sencillo: necesitaba demostrarle más a menudo lo mucho que la quería, y ya se me agotaban las sorpresas. Puse todo mi empeño en esa carta, que de alguna manera era un trocito de mi, de lo que sentía por ella. Las dos lo habíamos dado todo por la otra, por nuestro futuro juntas, por lo que nunca estaba de más recordarle lo mucho que le agradecía que aún siguiera a mi lado, que me quisiera como lo hace... Y ya de paso, demostrarle que por muchos años que pasen, siempre la voy a querer como el primer día, incluso más.
Entró con la sonrisa más bonita del mundo. Vino corriendo hacia mi y me abrazó con fuerza. Hacía ya tres días que no nos veíamos porque había tenido concierto en Sevilla. Besé sus labios con tanta dulzura como me fue posible en ese momento. Se sentó en mis rodillas y nos quedamos abrazadas un rato, mientras me contaba como había ido todo por el sur.
-Cielo, ¿puedes subir a la habitación y traer mi móvil?
-Alex, ¿por qué no subes tu?
-Venga cariño, por favooor.- le puse ojitos y sonreí como una niña pequeña hasta que por fin se decidió. Subió a la habitación y casi cuando estaba llegando arriba empecé a subir yo, despacito para que no me escuchara. Vi como encontraba el sobre. Lo miraba intentando decidir si abrirlo o no, pero después de unos minutos pude ver como lo abría con cuidado. Empezó a leer y yo escuchaba atenta, intentando apreciar su reacción...
-Hola amor,
Me parece surrealista escribirte esto... Porque prefiero decírtelo con los ojos, esos que nunca serían capaces de mentirte. Te confieso que estoy nerviosa, muy nerviosa, y no se por qué. Me juego mi vida en una carta... Mi vida eres tú, amor. Contigo he aprendido que depender de alguien puede ser muy jodido... Y es que yo dependo de ti. Dependo más de ti que del oxígeno, te necesito más que a respirar y formas más parte de mi que mis propias moléculas. Te necesito tanto que a veces pienso que tus besos son mi mayor bombona de oxígeno y que tus "te quiero" son la mayor razón de mi existencia. ¿Sabes eso de que todas las personas nacemos con un destino fijo? Pues es verdad. Tu destino era triunfar, alcanzar el cielo y superarlo, creando metas inexistentes hasta el momento y yo... yo nací para alcanzarte a ti. Mi meta eras tú y, mira, te conseguí. Y después de tanto tiempo confieso que sigo tan enamorada de ti como el primer día... Y con el mismo miedo a perderte, aunque eso es inevitable, ¿no? Llegado el día de hoy, echo la vista atrás y hemos pasado tanto... Pero es que, cariño, al mirar hacia el futuro no nos diviso final. "Los para siempre no existen" quizás los que dicen esto tienen razón, pero hay personas que no tienen caducidad, como nosotras. Como sabes, algunos productos como la miel no caducan, a eso me refiero. Lo nuestro jamás caducara, y no lo digo solo por el enjambre de abejas que revoletean por mi estomago al verte sonreír. Cada vez que te miro a los ojos me aseguro más de que eres tú. De que tú eres mi media naranja y mi medio limón, que tu eres la mujer de mi vida. Y lo sé porque al mirarte mientras duermes siempre quiero retrasar el despertador para poder observarte cinco minutos más. O que en el choque de nuestras miradas nos veo a las dos dentro de 40 años cuidando de nuestros nietos... Y me dan igual los demás, porque me llena de vida decir que te amo, me muero al pensar que eres mi familia y me enamora más aun el hecho de estar enamorada de ti... Como puedes comprobar, mi amor por ti ni tiene ni tendrá limites, jamás. Ahora es cuando te doy las gracias por estar a mi lado tantos años pero eso prefiero expresártelo en besos. Y ahora, mi petición: hazme feliz. ¿Cómo? Déjame hacerte feliz a ti el resto de nuestras vidas. Te amo, Malú. -Acabó de leer, apoyó el papel sobre su pecho y pude ver como sonreía, y como una lágrima resbalaba por su mejilla. Sentí en ese momento que si ella era feliz, yo también lo era y me encantaba. Miró hacia la puerta y sonrió. Imité su gesto y me acerqué a ella muy despacio.- Te amo.- susurró. Y nuestros labios volvieron a juntarse, otra vez, como tantas y tantas veces.
//
En definitiva, aquel día fue uno de los tantos más especiales de nuestra historia. Me encantaría deciros que siempre fue fácil. Que fue una de esas historias de cuento, o una historia fácil... Pero no lo es. Aunque supongo que eso es positivo, porque si hubiera sido fácil, no sería bueno ¿no? Lo fácil nunca es bueno.
También me gustaría asegurar que vamos a estar juntas toda la vida, que nos vamos a hacer ancianas una al lado de la otra y que vamos a adoptar niños y animales hasta tener una familia numerosa de récord guiness. Pero por mucho que nos queremos, nunca se sabe lo que el futuro nos tiene preparado. ¿Quien sabe si nos separaremos y nos casaremos alguna vez con otra persona? ¿Quien sabe si dejaremos de querernos en algún momento. Con esto quiero decir, que nunca se sabe lo que puede pasar, ni cuantas vueltas va a dar la vida hasta dar por fin con nuestro destino final. Nunca se sabe con cuantas piedras tendremos que tropezar para dar con la adecuada, ni cuantas veces tendremos que caernos para conseguir lo que queremos. Pero a pesar de que nos tropecemos con mil piedras, o mil veces con las mismas; a pesar de que nos caigamos cientos de veces y llegue un momento en el que ya no tengamos ganas de levantarnos, siempre nos va a quedar algo por lo que seguir adelante, una persona por la que luchar hasta morir, porque sabes que es la correcta. Y yo, pase lo que pase, ya tengo a esa persona. A la persona que es capaz de conseguir que me levante una y otra vez, que siga adelante siempre, que no me hunda... Es la persona que me anima a luchar por lo que quiero, aunque lo único que quiero sea a ella.
Así que no, no se si dentro de treinta años seguiremos juntas. Solo se, que dentro de treinta años seguirá siendo la persona que cambió mi vida a mejor, y sobre todo, la persona a la que más quiero y voy a querer, a pesar de todo.
-Te eché muchísimo de menos Malú, ya te lo dije... Pero no se si estoy preparada para tenerte a mi lado otra vez... ¿Que voy a hacer si te vuelves a ir?
-No me voy a ir Alex, ya no. Mi trabajo en México ya se acabó, han trasladado otra vez a mi productor aquí, así que se acabaron los viajes, las idas y venidas... Solo tendrás que acostumbrarte a los conciertos, o recorrerte España conmigo. ¿Que me dices?
No le dije nada, me acerqué a ella y besé sus labios, sin más. No necesitaba palabras para decirle que si, para recordarle que quería mi vida con ella, otra vez. Sobran las palabras, con ella siempre sobran.
Pasamos el resto del día fuera de casa. Me contó un montón de anécdotas y yo... bueno, no tenía nada que contarle, realmente mi vida había sido muy aburrida estos meses, únicamente trabajaba y me pasaba las tardes con Sandra o con mi hermana y Chloe.
Entramos a su casa, una vez más. Pasaban de las doce de la noche y no se escuchaba nada, solo los ladridos de las perras al llegar, pero el vecindario parecía dormido.
Sacó una botella de vino. Como muchas otras veces, me senté en el sofá cogiendo la copa que me daba y brindando con ella. Pasaban las horas, pero siempre nos quedaba algo de que hablar, una broma que hacer... Hasta que en un momento dado me perdí en su sonrisa y mis ojos bajaron hacia ella. Miré sus labios, miró mis labios, y se acercó lentamente a besarme. Un beso, dos, tres... Así hasta que sus manos acariciaron mi abdomen y se deshicieron de mi camiseta. Recorrí su cuello, me deshice también de su camiseta y tiré de su brazo levantándola conmigo. Entre besos y deshaciéndonos del resto de nuestra ropa conseguimos llegar a la habitación. La cogí en brazos, cruzó sus piernas en mi espalda y caímos sobre la cama. Me dio la vuelta, quedando ella encima de mi. Sonreía pícaramente al tiempo que recorría mis lunares con sus labios, a la vez que yo acariciaba cada centímetro de su piel...
Una vez más pute sentirla más cerca de mi que nunca. Sentía que ya estaba conmigo otra vez, que ya no tenía nada de lo que preocuparme, ya estaba conmigo y no la dejaría escapar ni un solo minuto.
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Si, ese fue el día. El día que todo cambió, o que nuestra historia tuvo un nuevo comienzo, llamadlo como queráis. Apartir de ese momento nada era lo mismo. Todo era alegría, sonrisas para aquí y para allá. Los problemas parecían no importar, siempre acabábamos solucionándolo todo con la mejor de las actitudes. Nos peleábamos, si, pero solo por no caer en la rutina.
Hicimos montones de viajes, montones de escapadas juntas que nos ayudaban a nu aburrirnos nunca. Habíamos llegado a la conclusión que lo único que podía destruírnos era el aburrimiento, aburrirnos de la otra y caer en la monotonía. Por eso siempre estábamos haciendo algo nuevo, diferente... Para avivar nuestra relación, aunque no le hiciera falta.
Pero después de tanto que pasamos juntos, llegué a la conclusión de que nada podía separarnos ya, porque ya lo conocía todo de ella y nada me aburría.
Supongo que después de estar tantísimo tiempo con la misma persona te acabas acostumbrando hasta a sus defectos. Acabas acostumbrándote a que no tenga tiempo para ti por su trabajo, a que esté tan despistada que queme la comida y por poco la casa... Detalles, supongo, que marcan la diferencia. Yo ya me había acostumbrado a ella, a sus mensajes después de los conciertos contándome lo increíbles que habían sido, a sus ensaladas para cenar, a sus enfados de niña pequeña, a sus 'cállate y abrázame', a que me cantara por las noches mientras acariciaba mi pelo, como si fuera una niña pequeña... A todo, incluso me había acostumbrado a todos sus enfados, a sus gritos, a sus protestas, a sus 'te lo dije'. Me acostumbré a su piel junto a la mía, a sus manos rozando cada poro de mi piel, a sus labios con los míos, a su sonrisa, a sus ojos, a su voz... Después de tanto ya era imposible que hubiera algo de ella que no me gustara. Había llegado a la conclusión de que hasta el más mínimo detalle me encantaba.
Y es que la quería, la quería como no había querido a nadie antes. La quería para pasar el resto de mi vida a su lado, para discutir, para llorar y para reír. La quería para que me dijera lo que hacía mal, para que me abriera los ojos cuando me equivocara, para que me hiciera ver que no soy la mejor aunque me lo crea.. La quiero para que me quiera, para que me mime, para que me consienta como si fuera una enana, para que me sonría y haga que me pierda, para que me mire y me hipnotice... La quiero, para que sea la mujer con la que me despierte cada mañana y pueda besar sus labios en cada minuto del día. Pero sobre todo, la quiero para poder gritarle al mundo lo feliz que soy a su lado.
Tampoco creáis que me queda mucho por decir, tampoco hay novedades en nuestra relación salvo los viajes, las veces que la acompañaba en sus conciertos... Cada hora de nuestra vida desde que habíamos vuelto había sido una montaña rusa, de las divertidas. Sonreíamos cuando estábamos en lo más alto, pero también lo hacíamos cuando casi tocábamos el suelo, por el simple echo de que estábamos juntas, supongo que eso nos hacía fuertes.
Si queréis que os cuente el hoy, estos precisos momentos de ahora, será mejor que os ponga en situación.
Hace unos meses, Malú me propuso un viaje. Un viaje que supusiera un antes y un después en nuestra relación. Quería algo especial, para poder estar más unidas si cabe. Por eso decidimos que cuando acabara la gira que estaba haciendo en ese momento, nos iríamos un mes de 'luyna de miel'. Claro, si, a ver... Obviamente las lunas de miel son después de que uno se casa, pero en nuestro caso, ninguna de nosotras quería casarse. Yo pensaba que eso era la sentencia de muerte de tu relación. Es decir, cuando te casas, lo que haces es adelantar la ruptura. ¿Por qué no puedes estar con quien amas sin necesidad de un papel que te diga lo que ya sabes? Veo el matrimonio como algo innecesario, simplemente porque a mi no me hace falta una ceremonia para demostrar que la quiero, que es la mujer de mi vida, no. Así que en definitiva, una luna de miel, sin estar casadas. Puede parecer raro, pero en realidad se trata de un viaje más, aunque eso si, el mejor de todos. Íbamos a recorrer las Américas en un mes. Empezaríamos por Canadá y acabaríamos en Chile. La verdad, no era un viaje de relax, spa's caros, hoteles 5 estrellas... Era más bien un viaje turístico, para conocer todo aquello que aún no conocíamos. Las cataratas más famosas, las aldeas más humildes, las ciudades más bonitas... Y además de eso, después de ese mes que pasaríamos allí volveríamos a Roma, a recordar los buenos momentos que pasamos allí todos aquellos años, para recordar lo felices que fuimos, en aquel pequeño barrio de casa humildes. Era una parte de nuestra vida que no podíamos dejar atrás.
Bueno, ya he hablado demasiado de nosotras... Hay también una historia preciosa en la familia: la de mi hermana y Jake. Llevaban ya mucho tiempo juntos, tuvieron una hija preciosa que ya conocéis, Chloe. Pero después de la boda todo cambió entre ellos, todo era mejor. Tuvieron tres hijos más, dos de los cuales eran mellizos. Imaginaros, el trabajo que conlleva tener cuatro hijos... nada fácil y menos para ellos, con Sofía en paro y Jake con un trabajo que no les daba para llegar a fin de mes. Cuando los niños fueron creciendo, Jake decidió buscar otro trabajo. Como no encontraba, llamó a su hermano, que le consiguió uno muy bien pagado en Estados Unidos. Mi hermana y el estuvieron semanas peleados, no se hablaban y cuando lo hacían era únicamente para reprocharse cosas... Hasta que comprendieron que tenían que dejar de discutir y pensar en los niños, en la felicidad de sus hijos. Jake se fue a Estados Unidos, y los cinco primeros meses estuvo mandando dinero para que los niños tuvieran todo lo que necesitaban. Pero como si eso no fuese suficiente, después de pensarlo mucho decidieron entre los dos que sus cuatro hijos vivirían mejor allí, con Jake. Sofía se fue con ellos, pasó unas semanas allí, pero pronto volvió. Cuando ya estaba aquí vivía conmigo, en mi casa. No le llegaba el dinero que Jake le mandaba para pagar todas las cuentas de su casa, pero a su vez el no podía mandarle más, porque sino les faltaría a ellos. Ella no encontraba trabajo, lloraba todas las noches porque echaba de menos a sus hijos, a Jake... Echaba de menos su vida de antes, y a mi me rompía el alma verla así, ver todo lo que le estaba pasando, pero no podía hacer más de lo que ya hacía.
Pero un día, a Sofía la llamaron de un trabajo. Estaba muy bien pagado y era como periodista en una de las revistas más importantes. En ese momento su suerte cambió. Los niños volvieron, poco a poco fueron solucionando sus problemas económicos. Sofía y Jake ya no discutían, sino todo lo contrario. Se les veía felices, más que nunca. Se veían dos meses al año, en los que Jake cogía sus vacaciones. No quiso dejar su trabajo allí, porque así todo iba a ser mucho más fácil. Se veían poco, pero cuando lo hacían se daban todo el amor que no les había permitido la distancia. A lo que quiero llegar con esto, es que a pesar de todos los problemas que tuvieron, a pesar de todas las dicusiones y los malos momentos siempre estuvieron juntos, apoyándose el uno al otro e intentando solucionarlo todo de la mejor manera posible. Discutieron, se pelearon, dejaron de hablarse durante días e incluso estuvieron semanas durmiendo en sitios diferentes, pero a pesar de todo lo malo siempre supieron arreglarlo, ser el apoyo del otro para lo bueno y para lo malo. Eso es el amor ¿no?
Bueno, no me quedan historias que contaros, no me quedan sentimientos que sacar, porque ya los habéis visto todos. Os puedo repetir tantas veces como queráis lo importante que es Malú para mi, lo muchísimo que la quiero y lo muchísimo que la necesito en mi vida. Pero mejor os cuento el día de la carta. Paso a explicar... El día de la carta fue exactamente hace dos semanas. Hace dos semanas le escribí una carta, en la que le dejaba claro todos mis sentimientos hacia ella. Fue uno de esos momentos especiales, que a todos nos gusta recordar, así que vamos a ello.
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Faltaban apenas unos minutos para que llegara a casa. Coloqué el sobre sobre su almohada y me bajé al salón para que cuando entrara en casa no notase nada raro. Cogí una revista y simulé leerla, aunque disimular se me daba un tanto mal. El motivo de esa carta es sencillo: necesitaba demostrarle más a menudo lo mucho que la quería, y ya se me agotaban las sorpresas. Puse todo mi empeño en esa carta, que de alguna manera era un trocito de mi, de lo que sentía por ella. Las dos lo habíamos dado todo por la otra, por nuestro futuro juntas, por lo que nunca estaba de más recordarle lo mucho que le agradecía que aún siguiera a mi lado, que me quisiera como lo hace... Y ya de paso, demostrarle que por muchos años que pasen, siempre la voy a querer como el primer día, incluso más.
Entró con la sonrisa más bonita del mundo. Vino corriendo hacia mi y me abrazó con fuerza. Hacía ya tres días que no nos veíamos porque había tenido concierto en Sevilla. Besé sus labios con tanta dulzura como me fue posible en ese momento. Se sentó en mis rodillas y nos quedamos abrazadas un rato, mientras me contaba como había ido todo por el sur.
-Cielo, ¿puedes subir a la habitación y traer mi móvil?
-Alex, ¿por qué no subes tu?
-Venga cariño, por favooor.- le puse ojitos y sonreí como una niña pequeña hasta que por fin se decidió. Subió a la habitación y casi cuando estaba llegando arriba empecé a subir yo, despacito para que no me escuchara. Vi como encontraba el sobre. Lo miraba intentando decidir si abrirlo o no, pero después de unos minutos pude ver como lo abría con cuidado. Empezó a leer y yo escuchaba atenta, intentando apreciar su reacción...
-Hola amor,
Me parece surrealista escribirte esto... Porque prefiero decírtelo con los ojos, esos que nunca serían capaces de mentirte. Te confieso que estoy nerviosa, muy nerviosa, y no se por qué. Me juego mi vida en una carta... Mi vida eres tú, amor. Contigo he aprendido que depender de alguien puede ser muy jodido... Y es que yo dependo de ti. Dependo más de ti que del oxígeno, te necesito más que a respirar y formas más parte de mi que mis propias moléculas. Te necesito tanto que a veces pienso que tus besos son mi mayor bombona de oxígeno y que tus "te quiero" son la mayor razón de mi existencia. ¿Sabes eso de que todas las personas nacemos con un destino fijo? Pues es verdad. Tu destino era triunfar, alcanzar el cielo y superarlo, creando metas inexistentes hasta el momento y yo... yo nací para alcanzarte a ti. Mi meta eras tú y, mira, te conseguí. Y después de tanto tiempo confieso que sigo tan enamorada de ti como el primer día... Y con el mismo miedo a perderte, aunque eso es inevitable, ¿no? Llegado el día de hoy, echo la vista atrás y hemos pasado tanto... Pero es que, cariño, al mirar hacia el futuro no nos diviso final. "Los para siempre no existen" quizás los que dicen esto tienen razón, pero hay personas que no tienen caducidad, como nosotras. Como sabes, algunos productos como la miel no caducan, a eso me refiero. Lo nuestro jamás caducara, y no lo digo solo por el enjambre de abejas que revoletean por mi estomago al verte sonreír. Cada vez que te miro a los ojos me aseguro más de que eres tú. De que tú eres mi media naranja y mi medio limón, que tu eres la mujer de mi vida. Y lo sé porque al mirarte mientras duermes siempre quiero retrasar el despertador para poder observarte cinco minutos más. O que en el choque de nuestras miradas nos veo a las dos dentro de 40 años cuidando de nuestros nietos... Y me dan igual los demás, porque me llena de vida decir que te amo, me muero al pensar que eres mi familia y me enamora más aun el hecho de estar enamorada de ti... Como puedes comprobar, mi amor por ti ni tiene ni tendrá limites, jamás. Ahora es cuando te doy las gracias por estar a mi lado tantos años pero eso prefiero expresártelo en besos. Y ahora, mi petición: hazme feliz. ¿Cómo? Déjame hacerte feliz a ti el resto de nuestras vidas. Te amo, Malú. -Acabó de leer, apoyó el papel sobre su pecho y pude ver como sonreía, y como una lágrima resbalaba por su mejilla. Sentí en ese momento que si ella era feliz, yo también lo era y me encantaba. Miró hacia la puerta y sonrió. Imité su gesto y me acerqué a ella muy despacio.- Te amo.- susurró. Y nuestros labios volvieron a juntarse, otra vez, como tantas y tantas veces.
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En definitiva, aquel día fue uno de los tantos más especiales de nuestra historia. Me encantaría deciros que siempre fue fácil. Que fue una de esas historias de cuento, o una historia fácil... Pero no lo es. Aunque supongo que eso es positivo, porque si hubiera sido fácil, no sería bueno ¿no? Lo fácil nunca es bueno.
También me gustaría asegurar que vamos a estar juntas toda la vida, que nos vamos a hacer ancianas una al lado de la otra y que vamos a adoptar niños y animales hasta tener una familia numerosa de récord guiness. Pero por mucho que nos queremos, nunca se sabe lo que el futuro nos tiene preparado. ¿Quien sabe si nos separaremos y nos casaremos alguna vez con otra persona? ¿Quien sabe si dejaremos de querernos en algún momento. Con esto quiero decir, que nunca se sabe lo que puede pasar, ni cuantas vueltas va a dar la vida hasta dar por fin con nuestro destino final. Nunca se sabe con cuantas piedras tendremos que tropezar para dar con la adecuada, ni cuantas veces tendremos que caernos para conseguir lo que queremos. Pero a pesar de que nos tropecemos con mil piedras, o mil veces con las mismas; a pesar de que nos caigamos cientos de veces y llegue un momento en el que ya no tengamos ganas de levantarnos, siempre nos va a quedar algo por lo que seguir adelante, una persona por la que luchar hasta morir, porque sabes que es la correcta. Y yo, pase lo que pase, ya tengo a esa persona. A la persona que es capaz de conseguir que me levante una y otra vez, que siga adelante siempre, que no me hunda... Es la persona que me anima a luchar por lo que quiero, aunque lo único que quiero sea a ella.
Así que no, no se si dentro de treinta años seguiremos juntas. Solo se, que dentro de treinta años seguirá siendo la persona que cambió mi vida a mejor, y sobre todo, la persona a la que más quiero y voy a querer, a pesar de todo.

