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miércoles, 24 de septiembre de 2014

//Te haces tan bonita ante mis ojos, que al mirarte me sonrojo.//

PUBLICACIÓN NÚMERO 100!

Bueeeeno. Llegamos ya al final de esta novela que tantas alegrías me da. Que me unió a tantísimas personas impresionantes, y me enseñó cosas que ni yo sabía. Esta novela, no es una simple novela para mi. Esta historia me ha enseñado mucho, me ha hecho cambiar para mejor y ha hecho que descubriera cosas que antes no veía.
Quiero darle las gracias, antes que nada a María por cederme 'la carta' en este capítulo. Es una escritora de 10 y una persona genial, aunque no la conozco mucho.
También a Lorena, Ana y Verónica por darme ideas en su momento, que me fueron muy útiles para mi poca inspiración.
Y ahora, bueno, quiero daros las gracias a todos los que esteis leyendo esto, a todos los que me leéis, que sepáis que esto es solo gracias a vosotros, porque sino nada tendría sentido...
Termino diciendo que es para mi muy difícil tener que dejar de escribirla, tener que despedirme así, sin más. Pero es una novela muy especial, a la que le tengo muchísimo cariño, por lo que voy a escribir más de ella, como ya dije, relatos, para seguir con ella un poquito más.
Os doy las gracias, de corazón, por todo el apoyo y por todos los buenos momentos que me habéis dado entre todos.
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Me entretuve durante un rato acariciando su pelo mientras ella acariciaba mi mano con dulzura. No sé cuanto tiempo estuvimos en aquel sofá, pero tampoco tenía ganas de hacer otra cosa que no tuviera que ver con ella. Sofía se había llevado a los niños y a los bichos de paseo, lo cual nos había dejado mucho tiempo libre, que estábamos aprovechando como mejor sabemos: regalándonos besos y caricias en todo momento. 

-Cielo ¿hiciste ya la maleta?-pregunté con un hilo de voz, muy cerca de su oído.
-Si, todo listo.- sonrió- ¿A qué hora sale el avión?
-En cinco horas. Nos dará tiempo, supongo. 
-Verás como si.- acercó mi cara a la suya y nos fundimos en uno de esos besos que tanto me encantan.

Nos íbamos de luna de miel, pero sin boda, no sé si me explico. Realmente, me quedan tantas cosas por decir, que ni sé por donde empezar. Supongo que las cosas entre nosotras cambiaron mucho los últimos años, tal vez demasiado pero... hubo un día que no voy a olvidar nunca. 

//
Era martes, a las ocho de la mañana exactamente. Estaba a punto de salir a correr, porque desde que ella se había ido, digamos que las tarrinas de helado y las tabletas de chocolate me habían pasado factura. Hacía frío, pero un frío distinto al de todos los días. Era pleno Enero y si no nevaba, poco quedaba ya. Mi móvil sonaba, pero por mucho que di vuelta todos los cojines de la casa, por mucho que puse el apartamento patas arriba, no conseguía encontrarlo. Cuando por fin di con el, ya habían colgado y era un número que no conocía. 'Ya volverán a llamar' pensé. 
Sandra llamó al timbre y bajé ya corriendo por las escaleras. La saludé con dos besos y empezamos nuestra carrera, que desde hacía ya unos meses habíamos pactado hacerlo juntas cada día. Estuvimos una hora corriendo, contándonos nuestros cotilleos cuando aún nos quedaba aliento para hablar. Sandra me contaba que estaba conociendo a alguien, al parecer era una chica muy maja, de su misma edad y que acababa de mudarse a la ciudad. Yo... bueno, yo no tenía nada nuevo que contarle. Desde la boda de mi hermana nadie había ocupado el lugar de Malú, nadie. Intenté olvidarme de ella, centrándome en mi trabajo y saliendo más, pero ni eso era suficiente. Me repetían contantemente que tenía que conocer gente, abrirme a que apareciera alguien nuevo en mi vida. ¿Pero como olvidas a la persona que amas? Supongo que todos tenemos una debilidad, una persona que por mucho que queramos no conseguimos sacar de nuestra cabeza. Es la persona que cambiaba nuestros días y los hacía de colores. La persona con la que compartíamos cada minuto de los días, la rutina personificada... Entonces, cuando todo se acaba, o al menos tu piensas que es así, no puedes pensar en otra cosa que no tenga que ver con quien te hacía sonreír llorando. 'Tu eres quien me hace llorar, pero solo tu me puedes consolar...' Y que razón lleva la canción. 
El caso es que desde que se había ido sentía que tenía que esperarla, que en algún momento volvería y estaríamos juntas otra vez. Pero una parte de mi también veía la posibilidad de que ya no volviera, de que nuestra historia se hubiera acabado para siempre. ¿Y si era así? ¿Qué iba a hacer yo si ya no volvía? 
En resumen, mis días sin ella eran vacíos, completamente vacíos. Sandra y mi hermana siempre intentaban que conociera a alguien, al menos que intentara conseguir una pareja nueva, pero nunca lo consiguieron, porque nunca estuve dispuesta a estar con nadie que no fuera ella. ¿Obsesión? Mucha, la verdad. Pero si, tenía un pálpito, que por pequeño que fuera me hacía confiar en que faltaba poco para volver a tenerla a mi lado. Y eso me empujaba a levantarme por las mañanas y pensar '¿Será hoy el día?' Que al final nunca era el día, pero cada día que de iba, era un día menos para volver a verla, lo intuía. 
Me despedí de Sandra y subí a casa con la mirada fija en el móvil, por lo que cuando entré ni cuenta me había dado de que algo no estaba como siempre. 

-Si llego a ser un asesino en serie ya estás muerta guapa.- nada más escuchar su voz mi móvil cayó al suelo, aunque con la buena suerte de que no le pasase nada. Tuve una sensación algo extraña, un cosquilleo interno que me hacía temblar, estaba nerviosa y ni las palabras me salían. Hoy era el día. 
-Pe... Pero... Esto... ¿Qué haces aquí?
-Yo también me alegro de verte.- sonrió y se me cayó el alma al suelo. No me lo podía creer. Solo tenía ganas de correr hacia ella, abrazarla muy fuerte y besarla como hace tiempo quise hacerlo. Pero no podía.
-Lo siento, es que no te esperaba y... lo estoy asimilando.- reí
-Anda tonta, ven aquí.- se levantó y extendió sus brazos. No me lo pensé y corrí a abrazarla. Hundí mi cabeza en su hombro y saboreé aquel momento, como si hiciera mil años que no sentía su aroma. 
-Te eché mucho de menos Malú... Muchísimo.- dije mirando sus ojos
-Y yo a ti... Pero a estoy aquí. Supongo que tendremos mucho que contarnos ¿no?
-Si... mucho... ¿Has desayunado?
-Aún no ¿y tu?
-Tampoco. Vamos, ¿no? 
-Claro.- sonrió.
-Pues me ducho y en quince minutos bajamos.- sonreímos

Me duché, me vestí y nos fuimos a la cafetería a desayunar. Hablamos durante horas, teníamos mucho que contarnos. Solo había pasado medio año desde que se había ido or segunda vez, pero a mi se me había hecho eterno, más que nada antes. 

-Y, dime... ¿Has encontrado a alguien?- dijo sonriendo, mientras me miraba y me mataba al mismo tiempo
-No.- sonreí- No he buscado en realidad. 
-¿Por qué?
-Supongo Debido a que fue preparado en ¿Tu ... si ...? 
-Yo la encontré hace tiempo.- mi cara debía de ser un poema, porque no tardó en reírse de mi, como normalmente solía hacer.- Mira, lo que más me gusta de ella es que sigue igual que siempre. Que parece que no cambia nunca, y tampoco pienses que quiero que cambie... Es perfecta. Sigue poniendo cara de idiota cuando le hablo, lo cual me provoca una risa interminable, sigue aparentando estar de una pieza cuando en realidad no es capaz de seguir consigo misma... Pero sin duda, lo que más me gusta, es que cuando me dijo que me iba a esperar, lo cumplió.- sonrió, y yo seguía sin encajar aquello, no entendía lo que me decía, parecía idiota.- Alex... Esta vez vengo para quedarme. Pero solo voy a volver a tu lado si tu lo quieres.- no articulé palabra, no sabía como hacerlo. Después de unos minutos de silencio, se acercó a mi y besó mis labios, recordándome lo mucho que los echaba de menos. Una lágrima empezó a caer por mi mejilla, pero no sabía explicar por qué. 
-Te eché muchísimo de menos Malú, ya te lo dije... Pero no se si estoy preparada para tenerte a mi lado otra vez... ¿Que voy a hacer si te vuelves a ir? 
-No me voy a ir Alex, ya no. Mi trabajo en México ya se acabó, han trasladado otra vez a mi productor aquí, así que se acabaron los viajes, las idas y venidas... Solo tendrás que acostumbrarte a los conciertos, o recorrerte España conmigo. ¿Que me dices?

No le dije nada, me acerqué a ella y besé sus labios, sin más. No necesitaba palabras para decirle que si, para recordarle que quería mi vida con ella, otra vez. Sobran las palabras, con ella siempre sobran. 
Pasamos el resto del día fuera de casa. Me contó un montón de anécdotas y yo... bueno, no tenía nada que contarle, realmente mi vida había sido muy aburrida estos meses, únicamente trabajaba y me pasaba las tardes con Sandra o con mi hermana y Chloe. 
Entramos a su casa, una vez más. Pasaban de las doce de la noche y no se escuchaba nada, solo los ladridos de las perras al llegar, pero el vecindario parecía dormido. 
Sacó una botella de vino. Como muchas otras veces, me senté en el sofá cogiendo la copa que me daba y brindando con ella. Pasaban las horas, pero siempre nos quedaba algo de que hablar, una broma que hacer... Hasta que en un momento dado me perdí en su sonrisa y mis ojos bajaron hacia ella. Miré sus labios, miró mis labios, y se acercó lentamente a besarme. Un beso, dos, tres... Así hasta que sus manos acariciaron mi abdomen y se deshicieron de mi camiseta. Recorrí su cuello, me deshice también de su camiseta y tiré de su brazo levantándola conmigo. Entre besos y deshaciéndonos del resto de nuestra ropa conseguimos llegar a la habitación. La cogí en brazos, cruzó sus piernas en mi espalda y caímos sobre la cama. Me dio la vuelta, quedando ella encima de mi. Sonreía pícaramente al tiempo que recorría mis lunares con sus labios, a la vez que yo acariciaba cada centímetro de su piel... 

Una vez más pute sentirla más cerca de mi que nunca. Sentía que ya estaba conmigo otra vez, que ya no tenía nada de lo que preocuparme, ya estaba conmigo y no la dejaría escapar ni un solo minuto. 

//

Si, ese fue el día. El día que todo cambió, o que nuestra historia tuvo un nuevo comienzo, llamadlo como queráis. Apartir de ese momento nada era lo mismo. Todo era alegría, sonrisas para aquí y para allá. Los problemas parecían no importar, siempre acabábamos solucionándolo todo con la mejor de las actitudes. Nos peleábamos, si, pero solo por no caer en la rutina. 
Hicimos montones de viajes, montones de escapadas juntas que nos ayudaban a nu aburrirnos nunca. Habíamos llegado a la conclusión que lo único que podía destruírnos era el aburrimiento, aburrirnos de la otra y caer en la monotonía. Por eso siempre estábamos haciendo algo nuevo, diferente... Para avivar nuestra relación, aunque no le hiciera falta. 
Pero después de tanto que pasamos juntos, llegué a la conclusión de que nada podía separarnos ya, porque ya lo conocía todo de ella y nada me aburría. 
Supongo que después de estar tantísimo tiempo con la misma persona te acabas acostumbrando hasta a sus defectos. Acabas acostumbrándote a que no tenga tiempo para ti por su trabajo, a que esté tan despistada que queme la comida y por poco la casa... Detalles, supongo, que marcan la diferencia. Yo ya me había acostumbrado a ella, a sus mensajes después de los conciertos contándome lo increíbles que habían sido, a sus ensaladas para cenar, a sus enfados de niña pequeña, a sus 'cállate y abrázame', a que me cantara por las noches mientras acariciaba mi pelo, como si fuera una niña pequeña... A todo, incluso me había acostumbrado a todos sus enfados, a sus gritos, a sus protestas, a sus 'te lo dije'. Me acostumbré a su piel junto a la mía, a sus manos rozando cada poro de mi piel, a sus labios con los míos, a su sonrisa, a sus ojos, a su voz... Después de tanto ya era imposible que hubiera algo de ella que no me gustara. Había llegado a la conclusión de que hasta el más mínimo detalle me encantaba. 
Y es que la quería, la quería como no había querido a nadie antes. La quería para pasar el resto de mi vida a su lado, para discutir, para llorar y para reír. La quería para que me dijera lo que hacía mal, para que me abriera los ojos cuando me equivocara, para que me hiciera ver que no soy la mejor aunque me lo crea.. La quiero para que me quiera, para que me mime, para que me consienta como si fuera una enana, para que me sonría y haga que me pierda, para que me mire y me hipnotice... La quiero, para que sea la mujer con la que me despierte cada mañana y pueda besar sus labios en cada minuto del día. Pero sobre todo, la quiero para poder gritarle al mundo lo feliz que soy a su lado.  

Tampoco creáis que me queda mucho por decir, tampoco hay novedades en nuestra relación salvo los viajes, las veces que la acompañaba en sus conciertos... Cada hora de nuestra vida desde que habíamos vuelto había sido una montaña rusa, de las divertidas. Sonreíamos cuando estábamos en lo más alto, pero también lo hacíamos cuando casi tocábamos el suelo, por el simple echo de que estábamos juntas, supongo que eso nos hacía fuertes. 
Si queréis que os cuente el hoy, estos precisos momentos de ahora, será mejor que os ponga en situación. 
Hace unos meses, Malú me propuso un viaje. Un viaje que supusiera un antes y un después en nuestra relación. Quería algo especial, para poder estar más unidas si cabe. Por eso decidimos que cuando acabara la gira que estaba haciendo en ese momento, nos iríamos un mes de 'luyna de miel'. Claro, si, a ver... Obviamente las lunas de miel son después de que uno se casa, pero en nuestro caso, ninguna de nosotras quería casarse. Yo pensaba que eso era la sentencia de muerte de tu relación. Es decir, cuando te casas, lo que haces es adelantar la ruptura. ¿Por qué no puedes estar con quien amas sin necesidad de un papel que te diga lo que ya sabes? Veo el matrimonio como algo innecesario, simplemente porque a mi no me hace falta una ceremonia para demostrar que la quiero, que es la mujer de mi vida, no. Así que en definitiva, una luna de miel, sin estar casadas. Puede parecer raro, pero en realidad se trata de un viaje más, aunque eso si, el mejor de todos. Íbamos a recorrer las Américas en un mes. Empezaríamos por Canadá y acabaríamos en Chile. La verdad, no era un viaje de relax, spa's caros, hoteles 5 estrellas... Era más bien un viaje turístico, para conocer todo aquello que aún no conocíamos. Las cataratas más famosas, las aldeas más humildes, las ciudades más bonitas... Y además de eso, después de ese mes que pasaríamos allí volveríamos a Roma, a recordar los buenos momentos que pasamos allí todos aquellos años, para recordar lo felices que fuimos, en aquel pequeño barrio de casa humildes. Era una parte de nuestra vida que no podíamos dejar atrás. 

Bueno, ya he hablado demasiado de nosotras... Hay también una historia preciosa en la familia: la de mi hermana y Jake. Llevaban ya mucho tiempo juntos, tuvieron una hija preciosa que ya conocéis, Chloe. Pero después de la boda todo cambió entre ellos, todo era mejor. Tuvieron tres hijos más, dos de los cuales eran mellizos. Imaginaros, el trabajo que conlleva tener cuatro hijos... nada fácil y menos para ellos, con Sofía en paro y Jake con un trabajo que no les daba para llegar a fin de mes. Cuando los niños fueron creciendo, Jake decidió buscar otro trabajo. Como no encontraba, llamó a su hermano, que le consiguió uno muy bien pagado en Estados Unidos. Mi hermana y el estuvieron semanas peleados, no se hablaban y cuando lo hacían era únicamente para reprocharse cosas... Hasta que comprendieron que tenían que dejar de discutir y pensar en los niños, en la felicidad de sus hijos. Jake se fue a Estados Unidos, y los cinco primeros meses estuvo mandando dinero para que los niños tuvieran todo lo que necesitaban. Pero como si eso no fuese suficiente, después de pensarlo mucho decidieron entre los dos que sus cuatro hijos vivirían mejor allí, con Jake. Sofía se fue con ellos, pasó unas semanas allí, pero pronto volvió. Cuando ya estaba aquí vivía conmigo, en mi casa. No le llegaba el dinero que Jake le mandaba para pagar todas las cuentas de su casa, pero a su vez el no podía mandarle más, porque sino les faltaría a ellos. Ella no encontraba trabajo, lloraba todas las noches porque echaba de menos a sus hijos, a Jake... Echaba de menos su vida de antes, y a mi me rompía el alma verla así, ver todo lo que le estaba pasando, pero no podía hacer más de lo que ya hacía. 
Pero un día, a Sofía la llamaron de un trabajo. Estaba muy bien pagado y era como periodista en una de las revistas más importantes. En ese momento su suerte cambió. Los niños volvieron, poco a poco fueron solucionando sus problemas económicos. Sofía y Jake ya no discutían, sino todo lo contrario. Se les veía felices, más que nunca. Se veían dos meses al año, en los que Jake cogía sus vacaciones. No quiso dejar su trabajo allí, porque así todo iba a ser mucho más fácil. Se veían poco, pero cuando lo hacían se daban todo el amor que no les había permitido la distancia. A lo que quiero llegar con esto, es que a pesar de todos los problemas que tuvieron, a pesar de todas las dicusiones y los malos momentos siempre estuvieron juntos, apoyándose el uno al otro e intentando solucionarlo todo de la mejor manera posible. Discutieron, se pelearon, dejaron de hablarse durante días e incluso estuvieron semanas durmiendo en sitios diferentes, pero a pesar de todo lo malo siempre supieron arreglarlo, ser el apoyo del otro para lo bueno y para lo malo. Eso es el amor ¿no? 

Bueno, no me quedan historias que contaros, no me quedan sentimientos que sacar, porque ya los habéis visto todos. Os puedo repetir tantas veces como queráis lo importante que es Malú para mi, lo muchísimo que la quiero y lo muchísimo que la necesito en mi vida. Pero mejor os cuento el día de la carta. Paso a explicar... El día de la carta fue exactamente hace dos semanas. Hace dos semanas le escribí una carta, en la que le dejaba claro todos mis sentimientos hacia ella. Fue uno de esos momentos especiales, que a todos nos gusta recordar, así que vamos a ello. 

//
Faltaban apenas unos minutos para que llegara a casa. Coloqué el sobre sobre su almohada y me bajé al salón para que cuando entrara en casa no notase nada raro. Cogí una revista y simulé leerla, aunque disimular se me daba un tanto mal. El motivo de esa carta es sencillo: necesitaba demostrarle más a menudo lo mucho que la quería, y ya se me agotaban las sorpresas. Puse todo mi empeño en esa carta, que de alguna manera era un trocito de mi, de lo que sentía por ella. Las dos lo habíamos dado todo por la otra, por nuestro futuro juntas, por lo que nunca estaba de más recordarle lo mucho que le agradecía que aún siguiera a mi lado, que me quisiera como lo hace... Y ya de paso, demostrarle que por muchos años que pasen, siempre la voy a querer como el primer día, incluso más. 
Entró con la sonrisa más bonita del mundo. Vino corriendo hacia mi y me abrazó con fuerza. Hacía ya tres días que no nos veíamos porque había tenido concierto en Sevilla. Besé sus labios con tanta dulzura como me fue posible en ese momento. Se sentó en mis rodillas y nos quedamos abrazadas un rato, mientras me contaba como había ido todo por el sur. 

-Cielo, ¿puedes subir a la habitación y traer mi móvil?
-Alex, ¿por qué no subes tu? 
-Venga cariño, por favooor.- le puse ojitos y sonreí como una niña pequeña hasta que por fin se decidió. Subió a la habitación y casi cuando estaba llegando arriba empecé a subir yo, despacito para que no me escuchara. Vi como encontraba el sobre. Lo miraba intentando decidir si abrirlo o no, pero después de unos minutos pude ver como lo abría con cuidado. Empezó a leer y yo escuchaba atenta, intentando apreciar su reacción...

-Hola amor, 
Me parece surrealista escribirte esto... Porque prefiero decírtelo con los ojos, esos que nunca serían capaces de mentirte. Te confieso que estoy nerviosa, muy nerviosa, y no se por qué. Me juego mi vida en una carta... Mi vida eres tú, amor. Contigo he aprendido que depender de alguien puede ser muy jodido... Y es que yo dependo de ti. Dependo más de ti que del oxígeno, te necesito más que a respirar y formas más parte de mi que mis propias moléculas. Te necesito tanto que a veces pienso que tus besos son mi mayor bombona de oxígeno y que tus "te quiero" son la mayor razón de mi existencia. ¿Sabes eso de que todas las personas nacemos con un destino fijo? Pues es verdad. Tu destino era triunfar, alcanzar el cielo y superarlo, creando metas inexistentes hasta el momento y yo... yo nací para alcanzarte a ti. Mi meta eras tú y, mira, te conseguí. Y después de tanto tiempo confieso que sigo tan enamorada de ti como el primer día... Y con el mismo miedo a perderte, aunque eso es inevitable, ¿no? Llegado el día de hoy, echo la vista atrás y hemos pasado tanto... Pero es que, cariño, al mirar hacia el futuro no nos diviso final. "Los para siempre no existen" quizás los que dicen esto tienen razón, pero hay personas que no tienen caducidad, como nosotras. Como sabes, algunos productos como la miel no caducan, a eso me refiero. Lo nuestro jamás caducara, y no lo digo solo por el enjambre de abejas que revoletean por mi estomago al verte sonreír. Cada vez que te miro a los ojos me aseguro más de que eres tú. De que tú eres mi media naranja y mi medio limón, que tu eres la mujer de mi vida. Y lo sé porque al mirarte mientras duermes siempre quiero retrasar el despertador para poder observarte cinco minutos más. O que en el choque de nuestras miradas nos veo a las dos dentro de 40 años cuidando de nuestros nietos... Y me dan igual los demás, porque me llena de vida decir que te amo, me muero al pensar que eres mi familia y me enamora más aun el hecho de estar enamorada de ti... Como puedes comprobar, mi amor por ti ni tiene ni tendrá limites, jamás. Ahora es cuando te doy las gracias por estar a mi lado tantos años pero eso prefiero expresártelo en besos. Y ahora, mi petición: hazme feliz. ¿Cómo? Déjame hacerte feliz a ti el resto de nuestras vidas. Te amo, Malú. -Acabó de leer, apoyó el papel sobre su pecho y pude ver como sonreía, y como una lágrima resbalaba por su mejilla. Sentí en ese momento que si ella era feliz, yo también lo era y me encantaba. Miró hacia la puerta y sonrió. Imité su gesto y me acerqué a ella muy despacio.- Te amo.- susurró. Y nuestros labios volvieron a juntarse, otra vez, como tantas y tantas veces.


//
En definitiva, aquel día fue uno de los tantos más especiales de nuestra historia. Me encantaría deciros que siempre fue fácil. Que fue una de esas historias de cuento, o una historia fácil... Pero no lo es. Aunque supongo que eso es positivo, porque si hubiera sido fácil, no sería bueno ¿no? Lo fácil nunca es bueno. 
También me gustaría asegurar que vamos a estar juntas toda la vida, que nos vamos a hacer ancianas una al lado de la otra y que vamos a adoptar niños y animales hasta tener una familia numerosa de récord guiness. Pero por mucho que nos queremos, nunca se sabe lo que el futuro nos tiene preparado. ¿Quien sabe si nos separaremos y nos casaremos alguna vez con otra persona? ¿Quien sabe si dejaremos de querernos en algún momento. Con esto quiero decir, que nunca se sabe lo que puede pasar, ni cuantas vueltas va a dar la vida hasta dar por fin con nuestro destino final. Nunca se sabe con cuantas piedras tendremos que tropezar para dar con la adecuada, ni cuantas veces tendremos que caernos para conseguir lo que queremos. Pero a pesar de que nos tropecemos con mil piedras, o mil veces con las mismas; a pesar de que nos caigamos cientos de veces y llegue un momento en el que ya no tengamos ganas de levantarnos, siempre nos va a quedar algo por lo que seguir adelante, una persona por la que luchar hasta morir, porque sabes que es la correcta. Y yo, pase lo que pase, ya tengo a esa persona. A la persona que es capaz de conseguir que me levante una y otra vez, que siga adelante siempre, que no me hunda... Es la persona que me anima a luchar por lo que quiero, aunque lo único que quiero sea a ella. 
Así que no, no se si dentro de treinta años seguiremos juntas. Solo se, que dentro de treinta años seguirá siendo la persona que cambió mi vida a mejor, y sobre todo, la persona a la que más quiero y voy a querer, a pesar de todo. 

IMPORTANTE:

Bueno, quera comentaros que después de mucho tiempo dándole vueltas, he decidido acabar con las novelas. Más que nada porque sé que no podré ser constante con los capítulos cuando empiecen las clases, y que entre una cosa y otra tampoco se si van a salir bien. Aún así, no voy a dejarlas sin más. Intentaré hacer un capítulo largo, que cuente todo lo que me queda por contar. Una especie de epílogo largo, que espero poder hacer bien. De verdad que os pido disculpas, que he intentado durante mucho tiempo seguirlas lo más que pude, acabarlas lo antes posible pero no doy abasto y al menos pues quiero acabar con un final decente. Seguramente cuando acaben las clases o en vacaciones pueda escribir pequeños relatos de las novelas, no sé, cualquier cosa que vaya publicando. Pero hasta entonces, para no dejarlas paradas tanto tiempo prefiero que así sea.

Quiero agradeceros una vez más todo el apoyo, todo el cariño y todo en general. Gracias por leer, por comentar, por todo. Que como es lógico nunca me imaginé llegar hasta aquí, con tantos seguidores de las novelas, con tanta gente que me apoya... Así que de corazón, millones de gracias porque en estos 8 meses me disteis muchísimo. Como siempre digo, sois enormes.

En la siguiente publicación (hoy) pondré el último capitulo... el 'epílogo'. Espero que os guste, de verdad, y si se puede, espero poder emocionaros aunque sea un poquito. Gracias!

miércoles, 3 de septiembre de 2014

- 33 - QUE LA VIDA VA Y VIENE Y QUE NO SE DETIENE...

Aquella comida terminó, por mucho que la alargamos. Eran las cuatro y tenía que llevarla al aeropuerto. Sonreí, falsamente por supuesto, durante todo el camino hasta mi piso, donde cogió las maletas con las que había venido y algunas que había cogido de su casa. Ya no había vuelta atrás... ¿o si? No, no. Se iba y ya está. 
Cuando llegamos no quise ni entrar al aeropuerto. La dejé en la puerta y mientras ella bajaba sus cosas yo intentaba contener mis lágrimas. Rodeó el coche para despedirse de mi. Besó mis labios y sonreímos. 

-Espérame ¿vale?- asentí. Justo antes de que se diera la vuelta para irse cogí su brazo.
-Malú, quédate.- no sabía por qué había dicho eso, me había salido así, sin más. Bajé del coche y la abracé tan fuerte como pude.
-Nada me gustaría más cariño, ya lo sabes...- me volvió a besar y luego mantuvo su frente junto a la mía unos segundos. Las dos teníamos los ojos humedecidos y estábamos a punto de llorar, pero no.- Bueno... te quiero, no lo olvides.- sonreí. Me miró una última vez y se fue. 

Volví a subir al coche. Me paré ahí un momento, ese mismo en el que una lágrima empezó a correr por mi mejilla. Me dolía demasiado. Se estaba yendo otra vez y eso me rompía por completo. Pero no, no podía venirme abajo, quedando tanto tiempo por delante antes de que volviera. No podía. 'Estoy bien' dije en voz alta, a ver si conseguía autoconvecerme de ello. Aunque la verdad, creo que no funciona. 
Llegué a casa poco antes de las cinco. Tenía algunas llamadas perdidas en el móvil, algunas de Sandra, pero en ese momento me dio igual. Me quité los zapatos y me metí en la cama. 
Cuando estaba a punto de quedarme dormida llamaron al timbre. 

-¿Quien es?- dije sin salir de la cama
-Soy yo Alex, abre.- Sofía, como no. 
-Abre tu.- hizo lo que le dije, cogió la llave de emergencia y entró
-¿Donde estás?
-Aquí.- vino hasta la habitación y se quedó un rato mirándome con una cara que me era imposible descifrar. 
-¿Que te pasa mi niña?- se sentó sobre la cama y me acarició el pelo, tal cual hacía mi madre cuando éramos pequeñas. 
-Se acaba de ir... otra vez Sofía... 
-Era algo que ya sabías... Pero piensa que dentro de unos meses la tienes aquí otra vez... Tranquila ¿vale?- me abrazó durante un rato hasta que consiguió calmarme por completo.- Oye ¿que te vas a poner esta noche?
-¿Eh? ¿Que dices de esta noche? Hoy no salgo eh.
-Uy, más quisieras tú. ¿Te olvidaste de que hoy es la cena de ensayo o qué?
-Mierda, la cena... No tengo con quien ir Sofi... ¿En serio tengo que ir?
-Si. Más te vale Alex, más te vale que te vea allí... Además, te vendrá bien para desconectar. ¿Por qué no vas con Sandra?
-Casi prefiero ir sola.- dije tajante. 
-Bueno... ya conocerás allí a alguien con quien entretenerte.- me sonrió y besó mi frente.- ¿Puedo confiar en ti? ¿Irás a la cena?
-Si, estaré en el restaurante a las nueve, no te preocupes. 
-De acuerdo, entonces te dejo. Te quiero.
-Y yo.

Se fue y decidí quedarme hasta las siete en la cama. Iba a ser una noche muy larga así que me vendría bien descansar. Pero a pesar de mis intentos por dormir un poco no lo conseguí. En el lavabo caían gotas, por la ventana se oía el ruido de los coches y tenía el tic tac del reloj clavado en mi cabeza. No me sentía capaz de nada. Ni podía dormir, ni soportaba levantarme. Total ¿que iba a hacer? Solo tenía que levantarme, ducharme y vestirme para estar a las nueve en el restaurante, no había otra cosa productiva hasta entonces.
Pero como siempre, las cosas nunca me salen como las planeo, y el timbre volvió a sonar. Esta vez si me levanté, porque insistían demasiado y si fuera Sofía ya habría entrado. Me hacía una ligera idea de quien podía ser y no me equivoqué. 

-¿Qué quieres?
-Hablar.- dijo con la cabeza agachada
-Yo no. ¿Te puedes ir? 
-Me dijiste que cuando se me pasara te llamara... Y aquí estoy. 
-Perfecto, ya te veo. Gracias por venir.- le cerré la puerta pero como era de esperar puso el pie para que no pudiera- Te voy a hacer daño. Yo que tu lo quitaba.
-Haz lo que quieras. No me muevo de aquí hasta que me dejes hablar contigo. 
-Ya estamos hablando Sandra. ¿Que mierda quieres? 
-Déjame pasar.- después de un rato, viendo su insistencia accedí. Se sentó en el sofá y esperó a que me pusiera frente a ella para comenzar a hablar.- Quiero pedirte perdón... No sé por qué me puse así. Supongo que estaba celosa...- al ver que no decía nada decidió seguir.- Alex, me gustas ¿vale? No sé, es raro, hace poco que nos llevamos tan bien pero... Eres especial y por eso siento que te quiero. Cada vez que hablas de Malú, de lo mucho que te molesta que se haya ido, de lo mucho que la quieres... es que se me encoge el alma, de verdad. No te estoy pidiendo que me quieras, ni que me des una oportunidad ni nada de eso. Solo que me perdones, que podamos volver a ser lo que éramos, porque estos días sin ti se me hicieron interminables. No puedo dejar de quererte aunque quisiera, y lo siento... Solo déjame estar a tu lado, como la amiga que soy... 
-No sé que quieres que haga Sandra. No me vale que pases de mi cuando te de la gana y vuelvas esperando que siga todo como siempre. Pareces una cría. 
-Dame una oportunidad, por favor... 
-De acuerdo. Una. Pero como vuelvas a ponerte así se acabó ¿estamos? 
-Gracias.- sonrió y vino a abrazarme, estrujándome como solo ella sabía. 
-Ahora por favor, vete que tengo que vestirme para la cena de mi hermana. 
-¿Puedo ir contigo?
-¿Quieres ir? ¿Por qué? 
-Bueno, tengo la noche libre y... me gustaría ir contigo. Si tu quieres, claro. 
-Me parece bien... ¿Paso a recogerte?
-Claro, ¿a qué hora?
-Mmm... A las ocho.
-Perfecto, nos vemos luego.- besó mi mejilla y se fue. 

En cuanto se fue vi que eran casi las siete. Aún tenía una hora, así que podía ir con calma. Dejé caer el agua para que se llenara la bañera y fui cogiendo el vestido que pensaba ponerme. 

Cogí el móvil y puse la radio. Minutos después me sumergí en la bañera.  Empezaron a sonar canciones a las que tampoco podía prestarles gran atención, ya que por mi cabeza pasaban un montón de cosas que me distraían. 
Pasados unos quince o veinte minutos no me quedaba otra que vestirme y maquillarme, porque sino como siempre iba a llegar tarde. 
Me puse el vestido que había elegido, me maquillé y me peiné. Pero mis ganas seguían siendo nulas. Aún así no me quedaba más remedio que ir, normal. 

lunes, 25 de agosto de 2014

- 32 - NOS FALTARON DESAYUNOS

-¿Si o no?-insistió
-Pues no lo sé. A lo mejor tu si estás bien, pero yo no. No estoy bien Malú. ¿Por qué iba a estarlo si te vas otra vez?
-Sabes que voy a volver, es imposible que me quede ahora Alex...
-No te digo que no, y tampoco te impido que te vayas. 'Si quieres a alguien déjalo ir'.- pronuncié apartando la mirada. Tenía verdaderas ganas de llorar, aunque tampoco entendía por qué.
-Lo siento, de verdad.
-No lo hagas... Vete a tu casa. Cuando vuelvas comeremos en algún sitio y luego te llevo al aeropuerto. 
-¿Estás segura de que no quieres venir conmigo?
-Lo estoy.
-Vale.- se acercó a besarme, pero por alguna extraña razón giré la cara, obligándola a besar mi mejilla.

Cogió las llaves de mi coche y salió del apartamento. Intenté convencerme de que no pasaba nada, solo serían unos meses más y la tendría otra vez a mi lado, o eso quería creer. Sin duda lo que más me preocupaba no era que se fuera, sino una vez más, que allí encontrara a alguien que pudiera hacerla más feliz que yo. 
A partir de ahora os mentiré. Os mentiré con cada palabra que diga, con cada cosa que diga pensar. No la quiero, no la echaré de menos, y en menos de unas semanas me volveré a enamorar. Vosotros haced como que me creéis y todos contentos. 
Lo mejor que podía hacer en estos momentos era despejarme. Hacer todo lo posible para quitármela de la cabeza cuanto más tiempo mejor. Se iba esta misma tarde, y después de ese adiós tendría que fingir la mayor de las enterezas. Sin duda me iba a convertir en una gran actriz. No sé a vosotros, pero desde luego a mi se me está dando bien lo de mentir. Me refiero a que, se me da bien eso de aparentar estar genial, reírme hasta de la mínima tontería y decir que todo va bien, cuando en realidad todo se me viene abajo, y de lo único que tengo ganas es de hartarme a llorar hasta quedar completamente seca. Pero eso es lo de menos. Lo esencial es sonreír, tragarse las lágrimas de cara a la gente y cuando pregunten decir que estoy bien. 
El primer paso para aparentar normalidad era, sin duda, trabajar. Solo en el escenario podía llorar como una magdalena (expresión que sigo sin entender a mis treinta pasados años, ya que las magdalenas no lloran, o eso quiero creer...), sin que me hicieran pregunta alguna. Era la tapadera perfecta. ¿Quien te va a negar que una canción te llega al alma y hace que se te salten las lágrimas? Nadie. Tampoco van a pedir explicaciones, darán por echo que son canciones especiales y nada más, y ahí está la clave. 
Llamé a Pedro y mientras tardaba en contestar yo sonreía, intentando que mi voz sonara a la de una persona feliz o de psiquiatra, aún no lo tengo claro. 

-¡Pedro! ¡Cuanto tiempo! Oye ¿puedes decirme cuando tengo el próximo concierto?
-¡Alex! Que raro tu tan animada... Pues mira, tienes dos el próximo fin de semana, el sábado y el domingo a las diez. ¿Te va bien?
-Si, claro. Gracias Pedro, un beso.- iba a colgar pero...
-¡Oye! ¡Alex!- gritó, como si quisiera dejarme sorda
-¿Y si pruebas a gritar más, que tal?- bromeé- Dime, venga.
-¿Qué es lo que te pasa? 
-¿Por qué dices eso?
-Tanto entusiasmo en ti es malo... ¿Podemos vernos para comer?
-Lo siento... quedé ya Pedro, te veo en la boda de Sofi, adiós.- y colgué lo más rápido que pude.

Cogí mi agenda y apunté los conciertos. Me paré a mirar esta semana, y era una locura. Mañana tenía que acompañar a mi hermana a la peluquería y luego ir a comprarme no uno, sino tres vestidos. Uno para la cena de ensayo de mañana, y los otros dos para pasado mañana en la boda, uno para la ceremonia y el otro para bailar. Y como no, para acabar la semana de lujo, sábado y domingo concierto. La semana siguiente tendría que pasarme por la discográfica el lunes, el miércoles y el jueves, para distintas reuniones sobre otro posible disco y quien sabe si una mini gira. El resto de días de esa semana tenía nada más y nada menos que dos entrevistas en las que para entusiasmarme seguro me preguntarían sobre mi relación con Malú y una sesión de fotos solidaria. Todo eso repartido entre martes y viernes, sumando también un concierto en un hotel el sábado y también uno el domingo y el lunes ambos en fiestas de pueblo. Así que, si me preguntan mi opinión de todo esto... ¿Por qué se supone que tengo que echarme meses sin hacer nada y tener dos semanas colapsadas?
Realmente no recordaba que fuera así, es decir, cuando fui a grabar el primer disco tenía un montón de entrevistas, sesiones y miles de cosas, pero no recuerdo haber hecho tanto en tan poco tiempo y nada el resto del año.

Entre una cosa y otra se me pasó el tiempo volando. Tenía que darme mucha, muchísima prisa. Tenía que vestirme (que no solía llevarme poco tiempo), maquillarme y encontrar diferentes opciones de restaurante a los que pudiéramos ir. Pero tuve la suerte de que no solo yo soy impuntual, sino que mi chica lo de las horas no lo llevaba bien del todo aún, lo cual me dejó algo más de tiempo.

-¡ALEEEEX!- gritó, cual posesa 
-¡VOOOOY!- imité. Le abrí la puerta y comprobé que en su casa aún le quedaba ropa y lo que se había puesto era impresionante.
-¿Estás lista?
-Si, vamos. 
-¿En coche o andando?
-En coche, así que vete bajando. Pero ¡Malú!
-¿Que pasa?-dijo a mitad de la escalera
-Que conduzco yo.- sonreí y me devolvió la sonrisa

Mientras ella iba bajando me aseguré varias veces de que no me faltara nada y salí. Como ya imaginaba, cuando llegué al coche vi que estaba en el asiento del conductor y para convencerla de que bajara tuve que esperar un buen rato con mucha paciencia. Cuando por fin dio su brazo a torcer me subí al coche y empecé a conducir. Iba a llevarla a un restaurante relativamente nuevo que por las opiniones de la gente parecía estar muy bien. Ya no teníamos por qué ir a un bar de estos de los famosos, donde no nos viera nadie, pero si que quería un sitio tranquilo donde no tener que preocuparnos por ninguna otra cosa, no sé si me explico.
Llegamos y comprobé que a Malú le había gustado el sitio, por suerte. Nos sentamos en una sala ajena al comedor principal, al aire libre y con unas vistas preciosas. 


Durante la comida hablamos sobre muchas cosas. Esquivé el tema de su ida a México unas quinientas mil veces, y se dio cuenta unas quinientas mil una. No le dije que no se fuera, no la intenté convencer para que se quedara conmigo ni tampoco quería retenerla aquí. Es decir, si yo no dejaba mi vida aquí para irme con ella ¿por qué tenía que pedirle yo que dejara su carrera allí para quedarse conmigo? No, desde luego no quería ser una egoísta, no con ella. 
Como se dio cuenta de que no iba a insistirle más cambió de tema. Empezó a contarme todo lo que tenía que hacer en estos meses y yo le resumí en pocas palabras lo que tenía que hacer yo. No reímos como antes, como al principio. No teníamos nada que decir, pero llegamos a comentar hasta el tiempo para no tener silencios que nos incomodaran. Aquella comida sin duda fue la mejor desde hacía bastante tiempo, y supongo que esas cosas se notan.

jueves, 21 de agosto de 2014

- 31 - POR TU SENCILLEZ, POR TU TIMIDEZ

Un nuevo amanecer, como todos los que adoraba, a su lado. Eran las seis de la mañana, me había desvelado pero no me importaba. Me concentraba en admirar toda su belleza mientras dormía, que no era poca. 
Hoy me tocaba afrontar que tenía que irse, no me quedaban opciones. A lo mejor, lo más sensato era dejar que se marchara y acabara cuanto antes todos sus quehaceres en México, pero yo más bien necesitaba que se quedara. Al menos un día ¿era tanto pedir? Solo quería verla a mi lado, con un precioso vestido haciéndome sombra en la boda de mi hermana. Quería que me acompañara ella, para pasarme el tiempo pensando si algún día ella y yo llegaríamos a casarnos, imaginándome detalle a detalle como sería ese perfecto día. 
Observé durante un par de horas como dormía. Se me vino a la cabeza nuestra vida en un futuro, y me di cuenta de que lo quería absolutamente todo con ella. Curioso ¿eh? Como tan solo viendo a una persona eres capaz de querer una vida a su lado, de imaginarte todo lo que quieres, siempre y cuando la persona de tus sueños quiera lo mismo contigo. Supongo que pocas veces se consigue eso. Creo que más de la mitad de los matrimonios se basan en el conformismo. El aceptar que tal vez no encuentres a tu otra mitad, y aunque no consigas lo que deseas con tu pareja, al menos tienes a alguien a tu lado a quien abrazarte por las noches. Pero no, yo no era así. Yo había encontrado a mi mitad, a la mujer de mi vida. Y la verdad es que nada me parecía mejor que cumplir cada sueño a su lado, de su mano, porque estoy segura de que ella era la única persona capaz de hacerme realmente feliz y estaba dispuesta a todo para envejecer cogida de su mano. De lo que no estaba tan segura era de que ella quisiera lo mismo. Es decir, a lo mejor ella me quiere, pero no tanto. A lo mejor lleva tantos años aguantándome, que dentro de unos pocos decide que necesita encontrar a otra persona. Es algo que nadie sabe, algo que el destino deja para nosotros, siendo un completo hijo de puta o un gran aliado, nadie lo sabe. 
Se despertó al fin dibujando una gran sonrisa en su rostro, la cual provocó la mía como siempre había hecho. Besó mis labios y rodeó mi cintura con su brazo. 

-¿Llevas mucho despierta?
-Algunas horas, me desvelé sobre las seis.- sonreí
-¿Y por qué no me despertaste? 
-¿Por qué iba a hacer eso cuando lo que más me gusta es verte dormir? 
-Anda ¿y eso?
-Es que es el único momento en el que pareces buena...- bromeé y me reí. Intentó mantenerse seria pero no le salía muy bien.
-Idiota.- dijo, casi al borde de estallar a carcajadas. Se levantó y fue camino al baño.- A ver si me llevas a desayunar a algún sitio antes de que me vaya eh. 
-¿Eh? ¿De que te vayas a donde?- me hice la tonta, en verdad sabía perfectamente que se iba.
-A México Alex, ya lo sabes...
-Malú... 
-Dime cariño.
-Ven un momento.- se acercó a la cama y se sentó a mi lado. Cogí su mano y la miré a los ojos.
-A ver, vamos ¿qué pasa?
-Malú... ¿no puedes quedarte aunque sea unos días más?
-Sabes que no... Además ¿para qué quieres que me quede?
-Ya lo hablamos... Te vas a ir y esto va a dejar de ser lo que era. Quiero que aprovechemos al máximo, como tu dijiste, el tiempo que estés aquí. Además, se supone que eres mi acompañante de honor en la boda de mi hermana ¿en serio piensas dejarme tirada de esa manera? Cielo, por favor.- sonreí, muy cerca de su sonrisa, tan cerca que podía sentir su respiración a la perfección, pero nuestros labios no se juntaron esta vez.
-Lo siento... tengo que irme, de verdad. Al menos deja que me lo piense, que lo hable con el productor a ver que podemos hacer... Pero no te prometo nada. 
-Por supuesto... lo que tu quieras amor.- fingí como pude una sonrisa y salí de la habitación. 

Como no tenía ganas en absoluto de preparar nada, esperé a que se metiera al baño a ducharse para entrar a la habitación y coger un chándal. Ya vestida bajé a la cafetería. Tenía unos pelos de loca que no eran ni medio normales y mis pintas me delataban, se notaba que no era de mis días más felices. 
Esta vez ni siquiera pedí que me atendiera Sandra. Mi mentalidad fue tal cual una cría, 'si quiere ignorarme, que me ignore'. Total, ya me daba igual. Saludé al chico que estaba en la barra y le pedí dos cafés para llevar y unas cuantas palmeras de chocolate para mi junto con unos churros para Malú. 

-¿No piensas saludarme?- dijo apoyando la barbilla en mi hombro.
-No estaba en mis planes. Ahora si me perdonas tengo que irme.- cogí el pedido y salí del local, pero me retuvo antes de que pudiera cruzar la calle.
-No entiendo que te pasa. ¿Ya te doy igual?
-Anda, eso mismo pensaba yo ¿sabes? Pues si, me das igual porque pareces imbécil Sandra. De repente te pones como una gilipollas, me hablas seca y hasta no me hablas, me evitas. Durante un cierto tiempo quise saber lo que pasaba, si. Pero es problema tuyo, si quieres ponerte así, adelante, no seré yo quien te diga lo contrario.- crucé la calle y vino detrás de mi
-Déjame que desayune contigo al menos, y lo hablamos. Tampoco tienes por qué desayunar tu sola...- sonrió
-No estoy sola. Cuando se te pase la tontería me llamas ¿vale?

Subí a casa y entré sin pronunciar palabra. Malú estaba sentada en la encimera de la cocina y me miraba fijamente sin quitarme los ojos de encima. 

-Pensé que ya no volvías...
-Oye, no sería mala idea...- sonreí- Pero no, he pensado que era mejor traerte algo no vaya a ser que te mueras de hambre y luego tenga que ir yo a la cárcel por asesinato o una cosa así.- reímos. Le tendí el café y dejé aquellas bombas calóricas sobre la mesa. 
-¿Al final vas a sacarme de casa hoy o estoy de clausura?- no pude evitar reír, el tono en el que lo había dicho me resultaba tremendamente adorable
-¿No vas a pasar por tu casa?
-¡Claro! Mi casa será un buen sitio para pasar la tarde. ¿Un baño en la piscina tal vez?
-Tu sola Malú, yo no. 
-¿Por qué? 
-Porque no. Deberías saber que tu casa me trae demasiados recuerdos. 
-Lo sé pero...
-Pero nada. Ve si quieres, yo me quedo. 
-Alex...
-¿Qué?
-¿Estamos bien? 
-La verdad es que...- suspiré

miércoles, 13 de agosto de 2014

- 30 - Y A PESAR DE TODO, TE SIGO QUERIENDO

A la mañana siguiente nos despertamos abrazadas en mi cama.  Lo primero que sentí esa mañana fue como una inmensa felicidad me invadía en toda plenitud. Miré su espalda desnuda y repasé todos aquellos lunares que la llenaban, junto con sus tatuajes que tanto me gustaba acariciar. Como echaba de menos aquello... Se giró y pegó su frente junto a la mía depositando un pequeño beso en mis labios. 

-Echaba de menos estos amaneceres a tu lado...- susurró
-Bueno... seguro que los de México no son tan malos.- sonreí
-No lo son... Pero no te tengo conmigo.- no dije nada, no tenía respuesta para aquello.- Oye Alex...- la miré indicando aún más atención- ¿Tu lo dejarías todo para venir conmigo a México?- dudé en que contestarle, pero finalmente opté por ser como yo era, sincera a pesar de todo.
-No Malú... Eso era lo que creía que quería al principio, pero ahora no. Ahora tengo un trabajo que me cuesta llevar a cabo porque tu no estás, pero aún así para mi es vital. Y lo importante, tengo aquí a mi hermana, que por cierto se casa en unos días y a la que no quiero dejar así por las buenas. 
-Ya... Pero no quieres quedarte por ella sino por otra persona ¿me equivoco?
-¿Que estás queriendo decir?
-Pues lo que escuchas Alex. Primero querías dejarlo todo para venirte conmigo pero de repente ahora quieres quedarte con la excusa de que no quieres dejar aquí a tu hermana. Hay cosas que no cuadran.- cada vez levantaba más el tono de voz y a mi me ponía nerviosa, con lo cual hacía también lo mismo. 
-¿Piensas que estoy con otra persona o como va la cosa?
-Eso pienso. 
-Malú... Vete por favor. 
-¿Como?
-Eso, que te vayas. No tengo por qué aguantar que me vengas con esto ahora cuando tu estabas con el tal Nicolás constantemente. 
-No tiene nada que ver una cosa con la otra.
-Igual para ti no. Ahora en serio, si piensas montarme estas escenas va a ser mejor que te vayas, no voy a discutir contigo. 
-Solo quiero saber por qué te empeñas ahora en quedarte. 
-Porque voy a estar presente en la boda de mi hermana, porque quiero seguir con mi trabajo y porque ahora estoy de maravilla aquí. No tengo pensado dejarlo todo y mudarme a México para seguirte a todas partes constantemente como tu perrito faldero. Necesito sentirme útil, no ir detrás de ti y ya. 
-Pues muy bien. 

Se levantó de la cama y se encerró en el baño. Puse la almohada sobre mi cara y me quedé allí un rato intentando no soltar toda la rabia que había en mi en aquel momento. ¿Por qué no podía entenderme? ¿Por qué se había vuelto tan egoísta?
No quería esperar a que saliera del baño así que me vestí y fui directamente a la cocina. Cogí mis cosas y salí del apartamento. Total, ella sabía donde estaba la puerta y podía irse cuando quisiera. 
Fui a la cafetería para seguir la misma rutina de cada día y allí vi a Sandra, la que en seguida me atravesó con la mirada. Seguía sin entender por qué razón se había puesto así conmigo, pero esperaba que me lo explicara. Lo malo era que, al parecer ella no tenía pensado acercarse a mi y dejó que el otro camarero me atendiera. 

-Perdona ¿puedes llamar a Sandra? Me gustaría hablar con ella.- le pedí al camarero en cuanto me tomó el pedido
-Claro, se lo diré.

Y seguramente se lo dijo pero ella nunca vino. Al final me harté de esperar y volví a casa. Malú ya se habría ido así que ahora me tocaba echarla de menos, otra vez. 
Aunque cuando abrí la puerta las cosas no fueron como me las esperaba.

-Sigues aquí...
-Si. Alex... Lo siento. Se me fue la cabeza. Perdóname, por favor. Yo, de verdad que...- no la dejé continuar y la besé, con toda la pasión que pude, con todas las ganas que le tenía a su boca, y se notó.
-Malú... tenemos que asumir que te vas a ir, vas a estar fuera mucho tiempo y no sabemos lo que va a pasar, no sabemos como va a cambiar nuestra vida y...
-No me importa, de verdad. Pero tenemos que disfrutar del momento, del ahora. Estoy aquí Alex, aún no me fui. Cuando me vaya ya veremos lo que hacemos pero mientras tanto, déjame que disfrute de ti como antes, por favor...

Sonreí, no me esperaba aquella respuesta. Se acercó, tanto que me tapó la sonrisa con sus labios, aunque yo por dentro seguía sonriendo cual enana la primera vez que visita un parque de atracciones. La felicidad que ella me transmitía era superior a todo lo demás. Dejaba atrás cualquier bronca que hubiéramos tenido antes, nada de eso importaba mientras sus labios se juntaran con los míos y eso se notaba. Entonces lo comprendí. Comprendí que ni lejos iba a dejar de quererla nunca. Puede que si algo pasara, después de cierto tiempo pudiera llegar a vivir sin ella, pero eso no entraba en mis planes ahora. Había comprendido a saborear este mismo instante a su lado, a olvidarme de ese avión al que subiría en apenas un par de días y a olvidar los miles de kilómetros que nos distanciarían en todos los sentidos. En esos instantes solo existíamos ella y yo, con nuestros labios pegados, mis manos acariciando su vientre y las suyas dibujando garabatos en mi espalda. Sin ninguna duda, aquellos pequeños instantes eran mágicos, realmente insuperables. No puedo explicar exactamente como me siento cuando sus labios se juntan con los míos. Ni tampoco se el por qué de mis escalofríos cada vez que me mira y me sonríe. Solo se que mariposas en mi estómago no hay, solo terribles terremotos que cualquier día moverán el mundo entero, al que le podemos sumar esos intensísimos latidos que provocan miedo en mi. Mi corazón, que late tan fuerte que cualquier día se para ahí mismo. Pero no importa. No importa lo que sienta, si es por ella. No importa si me muero, si es por ella. Morir de amor ¿existe? Sin duda con ella yo muero cada día. Muero de amor con su sonrisa, con sus buenos días, con sus besos, con sus ojos, con sus caricias... muero de amor hasta con sus rabietas, y si eso no es amor ¿qué es? 
Cuando volví a la tierra los besos de pie junto a la ventana habían pasado a la historia. Caminábamos hacia mi cama mientras se deshacía de mi ropa y yo de la suya, con la misma calma que siempre, pero con unas ganas locas la una de la otra. 
Me empujó y se puso sobre mi, recorriendo mi cuello con sus dedos y después llenándolo de besos. Acaricié su espalda y me deshice de su sujetador. Ella hizo lo mismo con el mío y bajó a mi cintura hasta deshacerse también de mis braguitas, acto que copié en ella. Estábamos unidas completamente la una a la otra, sin dejar pasar ni un solo soplo de aire entre nosotras que no proviniera de nuestra respiración. Me hizo suya y la hice mía, una vez más. Le dije todo, sin decirle nada, con besos que recorrieron cada lunar de su cuerpo y creedme que me aseguré varias veces de no saltarme ninguno... 
Quedamos tendidas boca arriba sobre mi cama, con la respiración algo agitada aún y con una sonrisa que hablaba por si sola. Juntas, muy juntas, otra vez. 
Su cabeza estaba apoyada en mi hombro y mientras yo acariciaba su precioso pelo. Lo tenía todo cuanto quería ahí, a mi lado. Me di cuenta entonces de lo mucho que la había echado de menos. ¿Como se puede querer tanto a una persona? Volví a besarla, por que sí. Simplemente me giré, le planté un apasionado beso y volví a mi posición anterior. Le sorprendió, pero no dijo nada sobre eso, ¿para qué?

-Alex...
-Dime cariño.- dije girándome hacia ella, dibujando en su vientre con la yema de mis dedos mientras miraba fijamente sus hipnóticos ojos.
-Te quiero. 

jueves, 24 de julio de 2014

- 29 - TODO SIGUE EN SU LUGAR

Las horas seguían pasando, una a una hasta llegar hasta aquel momento en el que tenía que ponerme de acuerdo conmigo misma. ¿Iba o no iba al sitio que me había mandado Nicolás?
Tras mucho pensar y al ver que me quedaba sin tiempo decidí ir. Me vestí más o menos decente, ya que si ya estaba en la calle podía salir luego a tomar algo, para aprovechar la noche...
Cogí el coche y puse el GPS para que me llevara a aquella dirección, ya que no tenía ni idea de donde era. 
Conduje unos quince minutos hasta que por fin llegué. Vi a lo lejos a una persona sentada en un banco. No sabía si tenía algo que ver o no en esto, pero tampoco podía distinguir si era alguien conocido porque la noche me lo impedía. 
Cuando cerré la puerta del coche fue acercándose hasta mi con lo que me dio a entender que si era la persona a la que había venido a ver. 
Y poco a poco, cuando miraba sus curvas, su forma de caminar... Todo aquello me hacía pensar que era ella. Pero no, no podía ser. ¿Como iba a ser ella si ella estaba en México con lo del disco. Era imposible. 
Segundo a segundo mi corazón latía más rápido. Se acercaba y podía verla. ¡Era ella! Recordé la frase, la famosa frase 'Los imposibles también existen'. Pero ¿qué hacía aquí? ¿Y que se supone que iba a hacer yo cuando la tuviera delante de mi? ¿Y qué me quería decir? Estaba nerviosa, muy nerviosa. 
La miré fijamente. También ella estaba nerviosa. Sonreía tímidamente según se acercaba. Joder, su sonrisa. Aquella sonrisa no hacía más que pedirme que la besara. Me estaba matando por dentro. 

-Hola.- dijo ya frente a mi. 
-Hola...- pronuncié intentando ocultar mi voz rota- No te esperaba.
-Lo sé...- hubo un silencio incómodo, pero pronto lo rompió- Necesitaba verte.- no respondí, no me sentía capaz.- Alex, lo siento. En serio, lo siento muchísimo. No sabes lo mal que me sentí al dejarte, lo estúpida que fui. Solo te dejé porque creí que estarías mejor sin mi. Quería que encontraras a alguien mejor. 
-¿Sabes lo que pasa? Que cuando eliges a alguien ya no quieres encontrar a alguien mejor, porque esa persona ya es lo mejor que has encontrado. Estuve todos esos días pasándolo fatal. No salía de casa. Y cuando aún estaba en tu casa lloraba en cada rincón porque hasta la esquina más escondida me recordaba a ti. Esto no lo arregla un simple 'lo siento' Malú.
-Lo sé. Entiendo que lo hice todo mal, que no tendría que haber hecho las cosas así. Se que no tendría que haber dejado que la distancia pudiera conmigo pero...
-No, no, perdona. No le eches la culpa a la distancia. La culpa la tienes únicamente tu. Fuiste tu la que se olvidaba de llamarme,la que no le daba una mínima importancia a hablar conmigo. Te daba igual. Siempre con excusas, que si el trabajo, que si la hora... Cuando yo intenté llamarte aunque tuviera que quedarme despierta hasta las tantas.- una lágrima comenzó a resbalar por mi mejilla y acercó su mano para secarla. Me aparté, lo cual la dejó descolocada.-No tendrías que haber venido. 
-Pero Alex... creí que...
-¿Qué? ¿Pensabas que por venir y pedirme perdón íbamos a volver a estar juntas como si nada? No, Malú, no. 
-¿Ya no me quieres?
-Pues claro que te quiero. Me moría de ganas por verte, me muero de ganas por besarte en este mismo momento. Pero no te puedo perdonar, ahora no. Igual después de un tiempo si. Pero tendrías que haberlo pensado mejor antes. 
-Bueno, mira. Solo vine para decirte que te quiero. Que estoy dispuesta a renunciar a todo por ti, incluso a mi carrera. Que soy una imbécil por hacer lo que hice pero que eres lo más importante que tengo en mi vida. Me hizo falta perderte para darme cuenta de que aunque quisiera no podría vivir sin ti. Perdóname o no lo hagas, pero ten claro que te quiero. 

En ese momento no pude aguantarlo más. Ella lloraba y yo con ella. Era algo que no soportaba, ver como le caían lágrimas de sus preciosos ojos y no poder evitarlo. La abracé más fuerte que nunca, cosa que ella no se esperaba pero no tardó en devolverme el abrazo. 
Aquella noche iba a ser una noche especial, solo por el echo de estar a su lado otra vez. 
Nos acercamos inconscientemente. Poco a poco y sin dejar espacio apenas entre nuestras bocas. Estaba confusa. Por una parte quería besarla, pero por otra... tenía miedo de que si volvíamos a empezar las cosas pudieran empeorar con el tiempo. Pero también es cierto que quien no arriesga no gana, y si no arriesgaba iba a perder para siempre a la mujer de mi vida. 
Besó mis labios despacio, con ternura, recordándome lo mucho que los echaba de menos. Y poco a poco nuestras lenguas se enredaron de la mejor forma posible. Nuestros labios se habían juntado a la perfección, como si nada los hubiera separado desde la primera vez. 
Pegamos nuestras frentes y me perdí en sus ojos. Brillantes, desprendiendo la misma luz de siempre. Pero pronto volví a reaccionar, cuando retomamos la conversación anterior. 

-Alex... ¿podemos volver a estar juntas?- me quedé callada unos minutos, no sabía qué decirle, aunque en el fondo lo tenía claro
-No Malú... aún no.- se quedó paralizada, sin poder decir nada
-Hay otra persona... ¿no?
-No hay nadie. Solo creo que necesitamos un tiempo para pensar en todo esto. Tienes que descansar de mi y yo de ti. Esto no significa que quiera que te vayas con otra persona... Pero si así lo quieres eres libre de hacerlo. 
-¿Y cuánto tiempo?
-Hasta que vuelvas a estar aquí.
-¿Y si vengo antes?
-Hablaremos de ello.
-Alex... ¿Y que pasará si encuentras a otra persona?
-Malú, llevo demasiado tiempo aguantándote, te quiero. Y voy a esperar hasta que vengas, me da igual el resto de gente ¿entiendes? Solo quiero que esperemos porque se que si volvemos estando lejos nos va a pasar factura y será peor.
-Bueno, con que me quieras me conformo.- por fin había sonreído como siempre, eclipsándolo todo
-Pues claro que te quiero idiota.- sonreí y miré sus ojos fijamente

Me acerqué a su boca otra vez. Coloqué mis manos en su cuello y ella las suyas en mi cintura. Estábamos allí otra vez, saboreándonos la una a la otra como siempre habíamos hecho. No importaba la hora, el sitio, la gente... no importaba nada. 
Me hacía feliz pensar que la tenía a penas a unos pocos milímetros de mi, como antes. Que ya no existían esos odiosos kilómetros que habían hecho mella en nosotras.
Poco a poco me fue empujando a un pequeño rincón con césped, cerca del banco donde antes se había sentado. Fuimos dejándonos caer hasta que acabamos tumbadas en la hierba, ella con la cabeza en mi hombro y yo abrazada a su cintura, mirando aquella luna llena tan enorme. 
Pasamos allí horas, sin preocuparnos de la hora si quiera. Daba igual, lo importante era que nos teníamos otra vez la una a la otra. Seguramente por poco tiempo, si. Pero había que aprovechar al máximo el que tuviéramos.